• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Incomunicados

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A quienes tuvieron la suerte vivir parte de su existencia en la vilipendiada, por civil y democrática, cuarta república, les consta que la Cantv tuvo que ser inevitablemente privatizada porque sus servicios habían alcanzado el grado cero de la eficiencia, y la gente se valía de una variedad de trucos para poder entablar una conversación telefónica. Además, no disponía de recursos (aparte del capital humano) para modernizar su plataforma tecnológica.

Cuando en el marco de las políticas de redimensionamiento del Estado se incluyó a la Cantv, los abonados se alegraron: estaban seguros de que era imposible una gestión de peor calidad que la estatal. No tenían idea de lo que les esperaba más tarde con la revolución roja y bonita; no contaban con que una administración de vocación totalitaria se instaurase en el país y, alegando razones estratégicas, revirtiese la privatización para volver a colocar los teléfonos en las ineficientes manos de la burocracia y con ello, como hubiese dicho Betancourt, “retrotraernos a etapas ya superadas”.

En manos particulares, la Cantv se hizo competente y privilegió la introducción y el desarrollo de novedades tecnológicas, como la telefonía celular y la conectividad por Internet. Pero, siempre con segundas intenciones, el comandante eterno mandó a parar y se fueron muy largo, a donde van a dar trastos y basuras, los planes y proyectos de una compañía que destacaba por su competencia y rentabilidad.

Chávez y el chavismo necesitaban controlar la Cantv para consolidar su hegemonía comunicacional y convertirla en una base de espionaje, invadiendo la intimidad del ciudadano.

Una entidad que desarrolla sus labores bajo tales premisas no puede satisfacer los requerimientos de una sociedad apegada a la libertad de expresión y la libre circulación de la información. Por eso, las fallas de Internet no solo le saben a soda a este gobierno, sino que las estimula en su afán de mantener a la población al margen de la realidad, y adormecerla con sus increíbles promesas de redención.

La recurrencia de los apagones informáticos se debe en mucho a la poca o ninguna inversión que se hace para acelerar la conectividad. Venezuela es, en términos de velocidad en las redes, uno de los países más lentos de la región, porque hoy depende, parafraseemos de nuevo al de la pipa, de equipos obsoletos y programas periclitados.

El suscriptor que paga por servicios de banda ancha recibe solo una fracción de lo contratado –lo cual es una estafa– y no consigue a quién reclamarle, porque si usted llama al 0800CANTV00, tiene la paciencia suficiente para soportar la larga espera que caracteriza al primitivo sistema de atención al cliente y logra que alguien escuche sus reclamos, le exigirán que se siente frente a su computadora para que realice actos de malabarismos que demandan tentáculos y no manos para su ejecución.

Excusas y disculpas rojitas proliferarán, pero usted se quedará sin poder navegar porque la idea es mantenerlo incomunicado y desinformado.