• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Inaceptable

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Marco Aurelio García, asesor de asuntos internacionales de la Presidencia de Brasil, perdió una gran oportunidad de callar. El consejero de la presidente Rousseff y personaje de la política que juega paralelamente a las cancillerías, “sostuvo que el vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, podría asumir temporalmente el poder hasta que Chávez se recupere o se determine su incapacidad”.

En otras palabras y según los cables, “Brasil apoya los planes del Gobierno de postergar la asunción del nuevo mandato del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, debido a su delicado estado de salud”. Habló como un gran experto en asuntos constitucionales de Venezuela. Dijo en Brasilia: “Hay un vacío constitucional en ese punto y la interpretación que está siendo dada es que quien asume es el vicepresidente”.

Si esta impertinencia la hubiera hecho un portavoz de la Secretaría de Estado estadounidense, ¿se imagina usted cómo habría ardido Troya? Seguramente Brasil habría convocado el Consejo de Seguridad para denunciar a la Casa Blanca por esta intervención imperialista de Estados Unidos en los asuntos internos de la República Bolivariana de Venezuela. Pero no, como se trata de Brasil, todo es aceptable.

Si hablamos de intervencionismo, la historia es larga y ejemplar. Los latinoamericanos, grandes brasileños entre ellos, hemos luchado de manera incesante por la soberanía de nuestras naciones. Enfrentamos los imperios y, finalmente logramos avances de significación, capítulos como la creación de la ONU o de la OEA, el incontable número de tratados multilaterales, todo eso resume la lucha por la soberanía y la independencia, por la no intervención y la igualdad de los Estados.

La actitud del consejero García en nombre del Gobierno de Brasil desacredita esas luchas persistentes por el respeto entre nuestros países y las relaciones de confianza. Ya en la crisis de Honduras, jugó un oscuro papel y contribuyó a sembrar dudas sobre la neutralidad del gran país sureño.

¿Qué se puede esperar en América Latina si un país como Brasil imita o pretende suplantar a los viejos imperios? Un poco de respeto a los venezolanos sería lo aconsejable.

Dejar que nosotros nos equivoquemos sin interferencias infelices podría ser una discreta contribución para que superemos nuestros dilemas. Lo que aquí se dice sobre o para el consejero de Brasilia cuenta para todos los demás, para la señora Kirchner o para quienes ven los asuntos constitucionales de Venezuela con ojos distintos a como aprecian los de países sin riqueza y sin petróleo como Paraguay y Honduras.

Con estas actitudes no se resuelven los problemas, se socavan y se degeneran las instituciones, y nuestros pueblos quedan condenados al retraso y al anacronismo. Es trágico que haya venezolanos que pretendan cobijarse bajo prácticas como las del consejero Marco Aurelio García. Quizás no tengan tanta necesidad de ser cómplices de abusos inaceptables.