• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La Iglesia y el diálogo

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El cardenal Urosa, arzobispo de Caracas, y el secretario de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Víctor Basabe, han ofrecido unas declaraciones muy oportunas sobre el diálogo que se plantea entre los representantes del régimen y los voceros de la MUD. Por venir de donde vienen, merecen especial atención.

Si la Iglesia por posición doctrinal y por experiencia pastoral se ha manifestado siempre como partidaria del diálogo, es decir, como pastor que vela por la reconciliación de sus ovejas, el hecho de que asome prevenciones remite a la necesidad de pensar con atención en su mensaje. Está de acuerdo con que las partes busquen soluciones urgentes a los acuciantes problemas de la sociedad, pero siente que las alternativas de acercamiento están mal encaminadas. Una institución fundamental de la sociedad que jamás ha promovido la guerra, sino únicamente el acercamiento pacífico de la ciudadanía, propone que se le de un vuelco al proceso que no se ha manejado con la transparencia que requiere.

Los voceros de la Conferencia Episcopal Venezolana encuentran un formidable escollo en el hecho de que la Unasur aparezca como promotora de los posibles acercamientos. ¿Por qué? Debido a los nexos evidentes del  organismo internacional con los intereses del régimen. Si la Unasur no solo ha sido una criatura del chavismo, sino también una dependencia que subsiste gracias a los aportes de nuestras arcas públicas, seguramente responderá a las necesidades de su patrocinante. Resulta difícil objetar la opinión de los prelados, porque no se advierte ni un solo descocido en su sotana. Ven lo que otros ojos aparentemente más experimentados en la observación de la política se niegan a registrar.

El cardenal y el secretario de la CEV proponen otras instancias más confiables, gracias a cuyo crédito y a cuya imparcialidad se puedan dar unos primeros pasos que conduzcan al avenimiento que tanto se necesita. El hecho de que se mire solamente una mediación que destaca por una parcialidad evidente solo enreda las cosas, en lugar de desatarlas con la debida urgencia. Si los ojos del mundo están puestos sobre la realidad venezolana, interesados la mayoría en el encuentro de desenlaces fiables y seguros, no proponen un imposible sino todo lo contrario. Deben abundar las influencias internacionales que sean capaces de mediar con  la satisfacción inicial  de las mayorías.

La Iglesia católica ha llegado a escalas masivas de confiabilidad por el papel que ha mantenido frente al régimen en las últimas décadas, equilibrado y sin posturas extremas. En consecuencia, sus prevenciones merecen la mayor atención de la colectividad y, en especial, de los factores políticos en quienes recae la responsabilidad de evitar una salida violenta a la crisis que experimentamos. No solo por el papel que ha ejercido últimamente, sino también porque responde a las expectativas de un papa que se ha ganado el fervor de las multitudes en todo el orbe por su bondad y su ecuanimidad.