• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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III congreso caliente

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El III Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela que estaba previsto que se realizara este 26 de julio, una fecha adorada y reverenciada por la gerontocracia cubana que maneja de hecho las líneas generales de la política venezolana, tendrá que extenderse varios días más, quizás hasta el 31 de julio, porque hasta ahora no han podido ponerse de acuerdo respeto a la participación de las diversas corrientes que se mueven en su seno.

La tendencia que llaman la “boliburguesía depredadora” se ha empeñado en boicotear la participación de masiva de las bases populares que, sin lugar a dudas, es la militancia que no está contaminada por la corrupción y que rechaza a una dirigencia que hace ostentación de su riqueza producto del manejo delictivo de los fondos públicos.

Las concesiones que han tenido que hacerse a las diversas tendencias internas han llevado a que el vicepresidente del partido, Diosdado Cabello, en rueda de prensa anunciara ayer que se alargaba la duración del III Congreso, debido a la “cantidad de información que hay”.

Pero resulta sospechoso que luego de gastar tanto tiempo y dinero en preparar el tan esperado Congreso del PSUV ahora resulte que se quedaron cortos en cuanto a la agenda central y, por supuesto, al tiempo necesario para profundizar en la cantidad de temas.

En realidad, lo que sucede es que la resistencia interna de la militancia de base a que se concentre en pocas manos las instancias de decisión ha obligado a la cúpula organizadora a darle más tiempo a los negociadores para evitar una ruptura de proporciones imprevisibles, al punto que pongan al partido en la encrucijada de llegar a imponer sanciones y eventuales expulsiones.

Cabello fue enfático en su intervención en la rueda de prensa al señalar que “el evento iba a ser histórico”, y no le falta razón porque por primera vez se llega a un congreso del PSUV con tantas interrogantes, discusiones públicas, cartas y sanciones a ministros de larga trayectoria dentro del partido.

La militancia reclama una actuación más activa y decisiva contra las roscas corruptas que están llenándose los bolsillos pero causando con ello un daño irreversible a los principios revolucionarios de dar ejemplo de honradez, de una vida sencilla, de entrega total a la construcción de una nueva sociedad. Las cartas, los documentos y las declaraciones que denuncian esta ola de corrupción que se extiende como un cáncer por todo el cuerpo del país no provienen de la oposición sino del interior del PSUV.

Estas corrientes críticas han crecido vertiginosamente no sólo al interior del partido sino en su periferia. Los aliados de la revolución no ven con buenos ojos la concentración del poder en una cúpula civil y militar que ha hecho alianzas económicas y políticas con los restos de la llamada burguesía parasitaria del pasado. Esto significa que desde el alto gobierno se han adoptado y hasta encariñado con las viejas prácticas depredadoras del tesoro público.

Las bases del partido no ven con buenos ojos que gobernadores y alcaldes, ministros y altos burócratas se conviertan en la corriente mayoritaria del III Congreso. Con su preeminencia y su capacidad de maniobra van a detener cualquier proceso que pretenda depurar al partido de tanto aspirante a millonario, de tanto arribista y de la ola de mercaderes que manejan como un negocio propio desde la entrega de dólares hasta la distribución de alimentos.

El ala radical y los sectores intermedios deben luchar para sanear al partido de los vicios y de las malas mañas que debilitado la confianza de la militancia y que hoy muestran abiertamente su descontento y su anemia de participación en los actos públicos. Y también muy pronto en los procesos electorales que se avecinan.