• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Humilladas y ofendidas

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En estas notas editoriales hemos insistido siempre en destacar ese odio profundo que sienten los jefes chavistas contra las mujeres, al punto de no solo cerrarles el paso en su participación en la política venezolana (hoy el oficialismo incumple con su cuota de diputadas en la Asamblea Nacional) sino que además desarrolla hacia ellas una gigantesca ofensiva para disminuir su papel en la sociedad.

El oficialismo dirá que les ha abierto las puertas y han tenido puesto de relevancia en estos 17 de años de régimen autoritario. Si eso fuera totalmente cierto quizás los venezolanos podrían  recordar con suma facilidad los nombres de estas ilustres líderes rojitas, pero no es así. Ministras, embajadoras, altas funcionarias de las empresas del Estado o magistradas del Tribunal Supremo no han destacado por luz propia.

En los casos contrarios, el gobierno rojito se deshizo de esas valiosas y dignas personas porque no eran mediocres sino lúcidas e inteligentes mujeres que no se inclinaban ante los atropellos y las amenazas del poder. Al dejar sus cargos, continuaron sus brillantes carreras sin apoyo del gobierno.

Lo que sí está claro es que el régimen de Maduro ha profundizado este odio a punto de reprimir con saña a las mujeres que salen a la calle a luchar por sus derechos. Las pruebas reposan hoy en los archivos policiales y, para desgracia de Nicolás, en los organismos de derechos humanos, en los tribunales internacionales y, por supuesto, en las publicaciones de la prensa, los videos de los canales de televisión y en las memorias de las redes sociales. 

La paliza que una guardia nacional le propinó a una manifestante pasará a la historia de la barbarie militar en Venezuela. No olvidemos la muerte a manos de policías y miembros de colectivos de una bella y valiente joven en Valencia, las agresiones a María Corina Machado en la Asamblea Nacional, el encarcelamiento y las torturas a las estudiantes y tuiteras por oponerse de palabras y no con hechos violentos contra el gobierno.

Todas estas mujeres no solo han sido atropelladas y vejadas por grupos de cobardes enfundados en uniformes, sino que muchas de ellas permanecen aisladas en prisión, sin que se les siga juicio. No olvidemos a la jueza Afiuni, a las alcaldesas y concejales a las cuales se les ha privado incluso de su pleno derecho a la defensa, a María Corina Machado despojada de su curul por iniciativa de un presunto narco rojito.     

Ayer criticábamos con dureza el comportamiento de un alto oficial de la FAN que arremetió con sadismo, odio y rencor contra la esposa y la madre del dirigente político Leopoldo López. Este acto de barbarie extrema ocurrió en el Centro Nacional de Procesados Militares de Ramo Verde, en presencia de los menores hijos de López de 6 y 3 años de edad respectivamente.

Las dos damas fueron desnudadas, mandadas a dar saltos de rana, a abrir las piernas para intentar revisar sus partes íntimas y buscar lo que no iban a encontrar porque nada ilegal escondían estas dos dignas mujeres.