• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Histórico acuerdo de paz

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La reanudación de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba es un acontecimiento trascendental. Para su cabal entendimiento, se debe hacer memoria de dos episodios cuya huella desaparece con los acuerdos procurados en la actualidad: la frustrada invasión de Bahía de Cochinos, sucedida en 1962, y la crisis de los misiles que estuvo a punto de desencadenar una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante el año siguiente. El ataque de las costas cubanas y la alarma general que produjo el descubrimiento de misiles soviéticos en el territorio de la isla, provocaron una tirantez de profundas consecuencias, y una recíproca animadversión que ahora se disipa.

¿A qué se debe la asombrosa mudanza? Al paso de los años, en primer lugar, a la lección que dejan más de cincuenta años de infructuosa hostilidad, pero también a las necesidades de una época que obliga a aliviar la carga del pasado, en la medida de lo posible. La influencia del papa Francisco y del gobierno de Canadá determinó la decisión, según reconocieron Barak Obama y Raúl Castro, pero también un conjunto de necesidades económicas y de modificaciones en el mapa electoral de la potencia norteamericana, capaces de conducir los deteriorados vínculos a un primer respiro de armonía.

Está en marcha un proyecto de explotación de petróleo en el Golfo de México, que involucra capitales procedentes de diversas latitudes y obliga a la eliminación de los desencuentros políticos que pudieran estorbarlo. Con Cuba en tratos cordiales con un rival antiguo y poderoso, se disipan los nubarrones en un horizonte que requiere tranquilidad. Con Cuba unida a un vecindario que se puede beneficiar de un gigantesco designio para la producción de riqueza, probablemente las cosas marchen sobre aceitado carril.

Los viejos rencores del exilio cubano han disminuido en Florida, hasta el punto de auspiciar una mirada diversa de los vínculos diplomáticos. Las nuevas generaciones piensan y sienten distinto sobre el régimen de los Castro.

Los senadores republicanos, ligados a las primeras olas de desterrados o descendientes de ellas, no tienen la influencia de la víspera. Protestarán pero sin turbar el sueño de los políticos que buscarán votos en las próximas elecciones. En la medida en que la “cubanidad” asentada en territorio estadounidense dejó de parecerse como gota de agua a la “cubanidad” de sus mayores, se ha podido levantar un puente en cuya construcción nadie pensaba antes.

Otros sucesos poco analizados, llevaron los pasos a la primera meta. Por ejemplo, ciertas informaciones relacionadas con derechos humanos que circularon en Uruguay después del recibimiento de un grupo de prisioneros de Guantánamo; y una exploración sigilosa de los intereses hemisféricos. Ambos asuntos alentaron el plan de Obama y sugirieron a los cubanos la necesidad de la aquiescencia.

Es evidente que Venezuela recibirá el efecto contundente de los hechos, pero estamos ante un tema que requiere tratamiento más detallado.