• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Historia maloliente

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Si el hoy occiso hablaba en demasía al punto de que el rey de España, obstinado de la lengua imparable del comandante cósmico, hubo de mandarlo a callar en una inolvidable y por demás  humorística cumbre de jefes de Estado y de gobierno. No le quedó otra al rey de España que saltarse a la torera el protocolo y los modales aprendidos en la corte real pues, en verdad, aquel aluvión de sandeces y lugares comunes hubiera hecho saltar por los aires hasta la serenidad eterna del Dalai Lama.

Pero como nunca segundas partes fueron buenas, hete aquí que nos ha tocado en suerte que el heredero del comandante de la encarnizada batalla del Museo Militar (hoy estudiada en las más afamadas escuelas militares del mundo) le haya tomado el gusto a repartir discursos (salpicados con insultos, señalamientos falsos y acusaciones sin pruebas) por radio y televisión, plazas y cuarteles, tarantines en la playa o primeras piedras de futuros complejos industriales que quizás, con un poco de suerte, llegarán a ver nuestros bisnietos.

La desgracia de todo esto no reside en que al hombre le dé por hablar más que un loro apipado de té de hojas de coca (un producto legal pero muy estimulante), sino que arme su discurso con una larga e interminable cadena de mentiras y falsedades que, por lo frecuente de su uso, han terminado por ser hojillas sin filo que, como es lógico, ni cortan ni dejan un rasguño. Palabras como golpes, magnicidios, mercenarios del imperio, burguesía depredadora, capitalismo salvaje, saboteadores, medios de comunicación vendidos al imperio ya no levantan ni una roncha en la piel más delicada.

En cambio, palabras que han surgido en el transcurso de estos 47 días de violencia y muerte en todo el país tienen mayor impacto y  resonancia no solo a escala nacional sino internacionalmente. Por ejemplo, cómo evitar hacer una relación directa entre la frase socialismo o comunismo represor que surgió en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, con la Cuba de los hermanos Castro y ahora con la Venezuela de Chávez y su heredero.

¿Cómo evitará el señor Maduro que se le recuerde por no haberse ocupado de la transición del gobierno chavista hacia un régimen más abierto y democrático? El desastre dejado por Chávez, y su manera de manejar los petrodólares con su estilo irresponsable de chequera loca, regalando el dinero como bien le venía en gana, debía ser asumido con seriedad, firmeza y rectificación.

¡Hasta Raúl Castro, con más de 80 años a cuestas, ha tenido que retroceder y rectificar para salvarse él y lo poco que queda de su hermano, que vive atrofiado en la historia y pasó de ser el mayor líder revolucionario latinoamericano para terminar siendo un militante chavista de segunda mano! Pero el trío Maduro, Cabello y Giordani se aferran al pasado y a la negación de la avasallante realidad que los mantiene hundidos en el basurero de la historia.

A Chávez pocos se atrevían a darle la espalda y, aunque fuera a regañadientes, le expresaban su respaldo. Nadie se atrevió nunca a gritarle “¡Asesino de estudiantes!”, “¡Torturador y violador de derechos humanos!”, “Perseguidor y agresor de mujeres inocentes”, porque hubiera sido una exageración inmerecida, a pesar de que no era un mandatario pacífico.

¿Y qué pasa hoy? Pues lo contrario, ya ningún detergente podrá limpiar la sangre derramada por este gobierno al ordenar a las fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana que arremetieran con ataques frontales y contundentes contra los manifestantes. Por allí está grabado el mensaje brutal del gobernador de Carabobo que, como prueba, no puede ser desmentida. 

El honor de la Fuerza Armada está por el suelo y su respeto por el pueblo en entredicho.