• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Hallacas caras

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En estos días de preparar hallacas, se ha notado con especial énfasis el alza de precios de los alimentos y su creciente escasez. Según el reconocido Centro de Documentación y Análisis de los Trabajadores, hasta noviembre de este año el precio de la canasta alimentaria había aumentado 18,1% en 12 meses. Nada menos ni nada más.

Este porcentaje seguramente se elevará cuando se cuente con las cifras de diciembre, tanto por los mayores gastos en que incurren las familias durante la temporada navideña, como por el efecto del gasto público, el cual se elevó desatinadamente para financiar las dádivas que permitieran al partido de gobierno captar suficientes votos en las recientes elecciones presidenciales del 7 de octubre y de los comicios regionales del 16 de diciembre.

Como el Gobierno tiró toda la casa por la ventana sin pensar un minuto en las consecuencias no electorales de sus actos, tales efectos nocivos se reflejan también en la escasez de numerosos productos básicos, como azúcar, harina de maíz, café, pollo y carne de res. La falta de variedad en cada uno de esos rubros, cuando milagrosamente se encuentran, también se hace sentir en los estantes de abastos y supermercados de todo el país.

Las autoridades intentan enfrentar tal situación mediante una serie de operativos de emergencia, con lo que reconocen tácitamente que se trata de problemas reales que afectan la vida cotidiana de los venezolanos. Pero, literalmente, no se dan abasto o están preocupados por otras cosas políticas o partidistas, vaya usted a saber.

Sin embargo, el ama de casa los padece diariamente y no le extraña que, de acuerdo con el informe del centro de documentación antes citado, la canasta alimentaria cueste ahora casi el doble que el monto del salario mínimo. De manera que en los hogares venezolanos pasan a recortar más sus gastos y a prescindir de otros bienes que también escasean.

Los comerciantes, por su parte, para tratar de satisfacer la presión de la demanda, racionan sus ventas a pocos productos por persona o los distribuyen a precios mayores que no se reflejan en las estadísticas.

A estas últimas recurren los voceros oficiales cuando quieren o pretenden disminuir la importancia de la escasez y la inflación. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, el precio de la canasta alimentaria es la mitad de lo que calcula el informe que estamos comentando. ¿Es que acaso creen que los venezolanos son ingenuos?

La inflación y la escasez son sólo las consecuencias inmediatas de las políticas económicas irresponsables adoptadas en los últimos meses. El peso de la deuda, el déficit fiscal, el debilitamiento del balance comercial así como la baja de la producción nacional, y su inevitable repercusión sobre las oportunidades de empleo, nos esperan a la vuelta de la esquina. Y así como nos hemos acostumbrado a vivir con la inflación y la escasez, será necesario enfrentar tales efectos perniciosos.