• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Hacerse respetar

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La oposición  está dispuesta a conversar con el gobierno, pero el Ministerio de Interior y Justicia afirma sarcásticamente que "los alcaldes de derecha están de vacaciones". Por eso, agrega, no puede contar con ellos para hablar sobre la seguridad ciudadana.

Hoy, cuando la MUD anuncia una reunión de sus alcaldes y concejales en enero con el fin de precisar estrategias para el diálogo, el ahora flamante capitán (derrotado por Henrique Capriles en Miranda) y presidente de la AN,niega la factibilidad de cualquier negociación con sectores que califica, viéndose en algún espejo, de fascistas.

Mientras tanto, Jaua, el desaprensivo canciller y excandidato a gobernador de Miranda (también derrotado por Henrique Capriles, ¡qué casualidad!) escribe, en el mismo sentido, que es imposible transar con quienes quieren derrocar al gobierno. Sin embargo, voceros de la  unidad democrática aseguran que confían en las palabras y promesas de Nicolás Maduro y siguen apostando a quiméricas convergencias con un régimen que, por boca de dos de sus altos dirigentes, los desprecia y se conduce como si la mitad del país no existiera.

Por lo que se ve, los sectores que adversan al gobierno no han entendido que no son ellos quienes están obligados a concertar con el Ejecutivo, sino que es este el que necesita el aval del adversario para asegurar un mínimo de gobernabilidad. De manera que son víctimas de la vieja y teatral estratagema del policía bueno (Nicolás) y el policía malo (Cabello, Jaua).

José Luis Aranguren decía que ³La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder². Quizá sea cierta esta reflexión del ilustre pensador español, pero creemos que le vendría bien a la oposición una cierta destemplanza, algo de intransigencia y mucho de actitud crítica  (y autocrítica), para desnudar la hipocresía de quienes tiran la piedra y esconden la mano para culpar a los civiles de todos los males que aquejan al país. Capriles y su gente deberían recordar las lecciones de Disraelí, quien sostenía que "Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible".

No estamos sugiriendo esquivar el diálogo; por el contrario, hay que tratar de aprovechar la oportunidad, si se presenta, para hacerse escuchar y hacer sentir que si la contraparte participa en  negociaciones es porque así lo dicta la ley de la razón, pues es ella la que puede insuflarle un segundo aire a una administración que no ha hecho sino dar tumbos y tambalear peligrosamente desde el momento mismo que el ungido se encargó de la primera magistratura.

Es el momento de adelantar propuestas en sintonía con los electores que votaron por la alternativa democrática y dejar claro que si en el Parlamento se le otorga la jefatura de algunas comisiones, es porque se ha ganado el derecho a ejercer esos cargos y en ningún caso se trata de una concesión graciosa. Es hora de hacerse respetar.