• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Habla la Iglesia

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Ayer en un preciso envío de prensa de la agencia AP, la corresponsal Fabiola Sánchez resumía de la siguiente manera el comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana: “La cúpula de la Iglesia Católica afirmó que la estabilidad política y social de Venezuela está en ‘grave riesgo’ ante las complicaciones de salud del presidente Hugo Chávez y planteó que la compleja situación podría conducir al país a una encrucijada peligrosa”.

Puede ser que a ciertos sectores del oficialismo no les guste la verdad pero a los periodistas no les queda otro deber que informar e interpretar la profundidad y las consecuencias de los acontecimientos que están ocurriendo en Venezuela.

Y una de las maneras de acercarse a la verdad es escuchar, reflexionar y analizar las palabras de los diferentes factores que actúan en nuestra sociedad. Sin duda alguna, la Conferencia Episcopal Venezolana se ha ganado el respeto de los ciudadanos por su cuidadosa y precisa manera de tratar los temas más espinosos en momentos en que la serenidad y la humildad más que un deber es una norma.

Los venezolanos observan hoy el nacimiento de una tormenta que puede terminar siendo un huracán que lo arrastre todo y cause finalmente daños irreparables. Y lo peor es que las autoridades en el poder se empeñan en negarse al diálogo, escogiendo por desgracia la violencia del lenguaje, el silencio a rajatabla de la crítica y el entierro progresivo de la Constitución pensando que, con ello, fortalecen sus posiciones de poder. Nada más equivocado.

Con su actuación arrogante, la cúpula del oficialismo denota que no entiende la magnitud de la crisis institucional ni es capaz de estar a la altura de unos acontecimientos inéditos en la historia moderna venezolana y que, como es lógico, son potencialmente peligrosos no solamente para quienes ejercen el poder sino para la propia e íntima estructura del Estado.

Cuando se pasa por encima, o se malinterpreta o se reorienta la Constitución Nacional en función de intereses políticamente circunstanciales o se le coloca como el primer ladrillo para levantar una serie de arbitrariedades históricas, el resultado no resiste el paso del tiempo y termina siendo, por desgracia, cuchillo para algunas gargantas poderosas y arrogantes. Es tiempo de rectificar y ojalá ocurra así porque la estabilidad del país está por encima de cualquier ambición personal o de grupo.

Las palabras del obispo Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, deben ser agradecidas por la mayoría de los venezolanos porque no sólo revelan verdades rotundas sino porque apelan a la sensibilidad de todos los ciudadanos y a su sentido de la sensatez. “Está en un grave riesgo la estabilidad política y social de la nación. Este es un momento histórico, difícil e incierto con rasgos que dibujan una compleja situación que pudiera conducir al país a una encrucijada peligrosa”, dijo Padrón. No hay duda.