• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Grises elecciones

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Como bien lo reflejaba un despacho de la agencia Efe, las elecciones para escoger a los mandatarios regionales y a los diputados a los consejos legislativos terminó siendo una “jornada apática”, en la cual funcionó bien el aparato electoral integrado por funcionarios del CNE, testigos civiles, soldados de la FAN y máquinas de votación, pero que careció, por desgracia, del elemento fundamental que guía y fortalece toda convocatoria comicial: los votantes.

De manera que fue una jornada gris por no decir oscura en la larga lista de convocatorias electorales en las que han participado los venezolanos, con sus altibajos y sus euforias pero siempre con unos desánimos ciudadanos que parecen no tener explicación. El tema da para muchas y largas reflexiones pero, lastimosamente, las que hasta ahora han sido puestas sobre la mesa no terminan de encajar, vaya usted a saber por qué, en el gran rompecabezas que significa esa misteriosa emoción y la no menos misteriosa acción que lleva a los venezolanos a votar masivamente en ciertos casos y en otros a quedarse en casa.

De suerte que la abstención sigue siendo, en recuerdo de Borges, un jardín de senderos que se bifurcan y nadie parece encontrar la senda para adelantarse teóricamente a los escenarios electorales. Semanas y días antes nadie parecía conocer cuál sería el comportamiento de los ciudadanos, léase bien, ciudadanos y no votantes.

Esa oscuridad y esa ceguera es común a los opositores y los oficialistas, por no mentar a los pronosticadores de oficio que van del optimismo al fatalismo en minutos.

Reiterada y misteriosamente los venezolanos en su conjunto cambian su veneración del voto como instrumento democrático y luego lo desprecian, de la misma manera que cambian de supermercado o de destino para pasar sus vacaciones. Desde luego, no hay una simpleza en su actitud electoral sino, muy al contrario, una demoledora firmeza política e institucional que conmueve y llama la atención de todo el mundo. Simpleza sería decir que se fueron de vacaciones, que estaban en sus casas celebrando por anticipado la Navidad o matrimonios o cumpleaños, o que se fueron de tiendas. Esa respuesta no tiene peso ni lo va a tener por más que se difunda y se les culpabilice.

En fin, ¿qué es en realidad lo que mueve a las masas chavistas a votar en momentos cruciales y específicos y, para sorpresa de todos como ayer, a no acudir a depositar su voto? No es Chávez y a la vez lo es: ya le dieron la espalda cuando fue derrotado en aquella “victoria de mierda” (sic), y luego lo apoyaron en un cambio que nada tuvo que ver con la estrategia de propaganda.

De la misma manera independiente se comportan los votantes de la oposición, que acuden cuando quieren con muchas ganas y luego ni siquiera conservan esa adhesión tan indispensable con quienes son sus representantes y luchadores más insignes. Las interrogantes están sobre la mesa.