• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Gobierno en salsa

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Medidas excepcionales –de carácter temporal, esperamos– ha tenido que tomar Alimentos Polar para superar los bretes que, por insuficiencia de insumos y dilaciones en los trámites para su adquisición (¿sabotaje oficial?), han comprometido la elaboración de rubros emblemáticos en la dieta y la mesa del venezolano.
En este sentido, se informa que “el inventario de aceite de soya quedó en cero y desde el Cencoex las divisas necesarias para su importación no han sido aprobadas”. Ante tal contingencia, la gerencia de la planta de salsas y productos untables comunicó a los 200 trabajadores de esa línea “que se veía obligada a paralizar por tiempo indefinido la producción de mayonesa”.

La mayonesa envasada no es un producto suntuario ni exótico, sino una práctica solución que aligera los quehaceres culinarios del ama de casa que no tiene por qué fajarse a revolver huevos con sal y limón con una sola mano y, con la otra, sostener un frasco de aceite que debe ir vertiendo paulatina y uniformemente sobre la mezcla hasta lograr la consistencia correcta, lo cual parece fácil, pero no lo es. Y menos si Nicolás la está preparando.
Si este señor se equivoca cada cinco minutos al hablar, ya podemos imaginar cuál será el resultado de la mayonesa bolivariana que salga de sus manos: intragable y con grandes posibilidades de arruinar la salud del consumidor que, por fanatismo, se lance por ese precipicio. Seguro terminará odiando a los responsables rojitos de la desaparición de la presentación industrial.

Eso sin contar que no se consigue aceite ni sal, que los huevos le costaran 20 bolívares la unidad y un limón más o menos lo mismo, con lo que las maldiciones contra los burócratas rojitos se multiplicarán y llevarían al consumidor al borde de un infarto.

Seguramente los despachos relacionados con la cuestión alimentaria inventarán “la ruta de la mayonesa bolivariana”, “las mayonesas verticales” o comprar la “mayonesa cubana” que es invisible. Quizás sugieran que nos abstengamos de consumirla, no por temor al colesterol sino por amor al comandante eterno.
Así de ridículos son los consejos oficialistas para sobrellevar la gran crisis de abastecimiento: cuando no hay pañales dicen que debemos seguir el ejemplo de nuestros abuelos y usar los de tela porque son lavables, pero Maduro acabó con los detergentes.

Es el problema de los chavistas: se dicen revolucionarios, pero en el fondo son unos reaccionarios de siete suelas, que abominan de la modernidad, y unos hipócritas desvergonzados que predican moderaciones que no practican. Hace pocos días apresaron a un militar dentro de una empresa mayorista cuando supuestamente compraba alimentos por cajas enteras y que “para su familia”. Parece ser que el bachaqueo ha sido ascendido a coronel.   

Que la mayonesa esté ausente de los anaqueles es consecuencia directa de una estrategia gubernamental que busca chivos expiatorios para culpabilizarlos de los descalabros de una política económica no sólo desacertada sino corrupta.