• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Gobierno paralizado

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Mientras los precios continúan subiendo aceleradamente y de manera descontrolada, el Gobierno nacional permanece paralizado, preocupado solamente en identificar culpables y sediciosos a quienes achacar su propia debilidad y los males que debe padecer la mayoría de los venezolanos.

De acuerdo con las cifras del Banco Central de Venezuela, la inflación en lo que va del año llegó para el 31 de agosto a 32,9% y ha sido durante los últimos 12 meses de 45,4%, cifras que duplican y triplican las registradas hace un año. Ante tal situación que los venezolanos deben sufrir a diario, las autoridades consultan, meditan, prometen, pero no hacen nada.

De manera que mes tras mes presenciamos cómo se deteriora la capacidad adquisitiva, cómo avanza el llamado “cáncer inflacionario”, también conocido como impuesto a los pobres, sin que se intenten ejecutar medidas o cambios de rumbo que puedan combatirlo o detenerlo.

En las declaraciones oficiales se suele hablar de la lucha o guerra contra el flagelo de la inflación. Como el fenómeno no puede ser ocultado ni siquiera por manipulaciones estadísticas, se reconoce que se debe hacer algo al respecto y los responsables del área afirman que están evaluando seriamente los planes. Parecen haber entendido que con amenazas, controles, peajes y otros instrumentos represivos logran poco. Las excusas se han agotado, al punto de que la última explica el aumento de precios porque estamos en año electoral, olvidando que los años anteriores también lo han sido.

Pero da la sensación de que las autoridades pretenden librar la guerra contra el aumento de los precios con promesas y arengas. Porque los cambios de política, las modificaciones de leyes claves, como la de ilícitos cambiarios, la flexibilización de controles, la oferta de divisas y los estímulos a la producción no se concretan. Y aunque algunos altos funcionarios parecen haber entendido también que las políticas económicas vigentes han fracasado, el Gobierno como tal se muestra incapaz de tomar decisiones. Se insinúan algunas, pero se las pospone para los próximos meses o años. Y en un gobierno de talante militar la guerra contra el alza de precios sólo se enfrenta con palabras y las derrotas se justifican con excusas.

Queda la duda de si la incapacidad para tomar decisiones en el área económica se debe al temor de alterar el legado ideológico del desaparecido presidente Chávez, que cada quien interpreta a su manera, o si se trata de disputas internas, teóricas y de otra índole, que nadie puede o se atreve a zanjar. Lo cierto es que mientras tanto seguimos el camino al abismo, a la pérdida creciente del valor de nuestra moneda (irónicamente denominada bolívar fuerte) y a la erosión de la calidad de vida de las mayorías, como lo muestra el hecho de que los alimentos acumulan el mayor aumento de precios de los últimos 16 años.