• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Gobernar en democracia

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El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos trae consigo unos cuantos recordatorios que interesan a sus electores y al mundo.

Uno de esos mensajes es que, por muy presidencialista que sea su régimen y por muy potencia económica y militar que sea Estados Unidos, su presidente no es todopoderoso y está sujeto a los controles de la separación de poderes.

No debe olvidarse que el triunfo de Barack Obama, en cuanto a los votos populares que obtuvo en su primera y segunda elección (los que el sistema electoral estadounidense transforma con ponderaciones por estados en votos electorales), nunca fue muy holgado: 52,9% para su primer mandato y 51% para el segundo. Además, solo hasta 2010 tuvo mayoría en las dos Cámaras.

Si hasta ese momento logró impulsar decisiones y políticas contempladas en su programa electoral, luego fue lentamente perdiendo apoyos mientras crecía la oposición, no sólo a propuestas pendientes de aprobación, como la reforma migratoria, sino a legislación ya aprobada, como la Ley de Cuidados de Salud Asequibles.

Es más, aun en la estela de la crisis económica mundial, la dureza de la oposición republicana llevó al gobierno al borde del “default”, al negarse hasta la fecha límite a subir el techo de la deuda. Varios voceros republicanos, cercanos al ala más conservadora, ya han anunciado que persistirán en esa línea radical.

Sobre esto, el resultado del 4 de noviembre trae otro recado: al conocer los escrutinios, Obama declaró que había escuchado a quienes votaron y a quienes no lo hicieron; a la vez, invitó a un encuentro con representantes de los dos partidos para procurar el margen de negociación con el Poder Legislativo, sin renunciar al ejercicio de sus facultades ejecutivas.

Escuchar, es ese otro de los mensajes que también los triunfantes republicanos deberían procesar: no por casualidad en septiembre pasado, en medio de las dos semanas de cierre del gobierno por la negativa opositora a aprobar el presupuesto, el Congreso tuvo la más baja cuota de aprobación hasta entonces conocida. De modo que tanto demócratas como republicanos deben examinar con mucho cuidado la situación presente y su proyección, más acá y más allá de las presidenciales del 2016. Deberían hacerlo pensando en su partido, su país y las responsabilidades mundiales que tanto gustan de recordar quienes reclaman a Obama su falta de liderazgo internacional.

Hay un tercer recordatorio vinculado a esas responsabilidades globales. Hoy conviene colocar en un platillo de la balanza al mundo y sus desafíos mayores –desde la crisis económica y la Primavera Árabe, hasta la invasión rusa de Ucrania y la expansión del Estado Islámico y el ébola– y, en el otro, la disminución relativa de la capacidad de Estados Unidos y la demostrada inconveniencia, desde los años finales de la presidencia de George W. Bush, de asumirse como los policías del mundo.

Finalmente, el principal mensaje: las complicaciones acompañan a las virtudes del gobernar en democracia.