• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Gasolina importada

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Importar gasolina parecía algo imposible para Venezuela, uno de los grandes exportadores de petróleo del mundo, que cuenta desde hace más de medio siglo con importantes complejos de refinación. Pero la ineptitud es capaz de los más grandes prodigios.

Hace 7 años, por ejemplo, se anunció con bombos y platillos el plan “siembra petrolera”, según el cual para 2012 estaríamos produciendo 6 millones de barriles diariamente. Hoy se discute si la producción alcanza a los 3 millones, aproximadamente la misma cantidad de principios de siglo. Tampoco ha aumentado la capacidad de refinación, más bien se ha visto mermada por las fallas de mantenimiento y los consecuentes accidentes, como el muy lamentable de Amuay ocurrido el año pasado.

Lo cierto es que importamos gasolina, de acuerdo con múltiples informes recientes. Con el agravante de que se importa a precios de mercado y se vende casi regalada. Lo que contribuye a debilitar las finanzas de Pdvsa, ya de por sí maltrechas por el derroche y la mala administración. Esto obliga a la empresa petrolera nacional a endeudarse, para lo que ha recurrido, entre otros, al Banco Central, el cual imprime billetes para prestarle. Esta es una de las causas directas de la inflación. Por ello, la importación de productos petroleros no sólo afecta al orgullo nacional sino que desmejora el nivel de vida de todos y cada uno de los venezolanos.

Lo anterior ha sido denominado por la propaganda oficial “Soberanía energética”, la cual se complementa con las importaciones de gas y las constantes fallas de electricidad en un país que se pavonea de tener las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Con el dato curioso de que el primer mercado de las exportaciones petroleras de Venezuela y el proveedor de la mitad de productos derivados del petróleo que se importan es Estados Unidos, el imperio que, según los voceros oficiales, amenaza nuestra soberanía, tanto energética como política.

La falta de transparencia en las informaciones de la actividad petrolera obliga a recurrir a las publicaciones de organismos internacionales para evaluarla. Las líneas gruesas de los resultados son bastante claras.

La principal riqueza nacional sufre de mengua, a pesar de los muy altos precios del petróleo. Los pocos avances palpables los producen las compañías mixtas gerenciadas por empresas extranjeras. Los proyectos de inversión permanecen retrasados o paralizados. La producción futura se encuentra en buena parte comprometida para el pago de deuda contraída. Mientras tanto, la alta gerencia de dedica al proselitismo político y el culto a la personalidad, como atestigua la fachada del edificio central de Pdvsa, colección de pancartas y gigantografías.

Al retroceso se le llama revolución y el oro negro, del que hemos dependido durante casi un siglo, se diluye en propaganda roja, rojita, que no contribuye con el bienestar de los venezolanos y pone en peligro su futuro.