• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Galipán enrojecido

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En un documentado reportaje aparecido el domingo en Siete Días , se pormenorizan detalles relacionados con la apropiación y uso indebido de terrenos y bienhechurías en lo que antes llamábamos cerro Ávila y que el indigenismo populista de Chávez rebautizó como Waraira Repano, nombre que, se dice, utilizaban los indios caracas para designar a la montaña que separa a la capital del mar. Una iniciativa dirigida a contar la historia de Venezuela a la manera roja y enchapar de pasado ilustre a un proyecto sin futuro. 

En el reportaje se cuenta cómo maltratan el cerro que Pérez Bonalde llamó "Sultán enamorado". Los vecinos afirman que "a la vista de todos en el poblado del Ávila (Galipán) fabrican viviendas, amplían construcciones y levantan muros perimetrales. Las obras no sólo pasan por encima de las disposiciones del Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso del Parque Nacional Waraira Repano, sino también de una sentencia de la Sala Constitucional del TSJ, que prohíbe otorgar cualquier permiso con esos fines". 

No es la primera vez que quienes disfrutan de privilegios en el gobierno rojito (diputados y militares) extiendan la exclusividad de sus gustos a territorios protegidos por normas ambientalistas para la preservación de la flora y la fauna. 

Pero hay antecedentes que enaltecen gestiones denostadas como la de Carlos Andrés Pérez, bajo cuyo mandato pasaron a ser 21 los parques nacionales que conforman el acervo ecológico del país. Además se promulgó la Ley Orgánica del Ambiente y se creó el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Renovables. 

CAP, a pesar de las protestas, ordenó el derribo de palafitos que, ilegalmente, crearon en Morrocoy (Falcón) un paraíso para vacacionistas de alto standing. De igual modo procedió su gobierno en Mochima (Anzoátegui, Sucre). 

Vale la pena recordar tales antecedentes en virtud de la apreciación de Edgar Yerena, profesor de Áreas Protegidas del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Simón Bolívar, respecto al desastre ecológico que presagian la complicidad y lenidad de las autoridades encargadas de proteger, resguardar y defender la integridad del parque y sus dolientes, los galipaneros. 

"Se pretende convertir Galipán en una especie de Country Club, al permitir que una casa pequeña termine convertida en un chalet. Hay un contrasentido de Inparques que frena un techo, pero permite una gran construcción que no apareció de la noche a la mañana y cuyos materiales deben pasar frente a la Guardia Nacional". 

Se mencionan nombres y se señala a altos funcionarios. Se sugieren chanchullos y se habla de boliburgueses y etarras. Se barrunta que las construcciones en progreso pertenecen a diputados rojitos, uno de ellos muy "amoroso", y a testaferros de ministros y magistrados. 

En fin: corresponde al gobierno investigar cómo, porqué y dónde se originan tanta permisividad y tanta vista gorda ante la invasión de ecocidas de alto coturno y ranchificadores rojitos que hoy ya ocupan 10% del parque.