• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Gabinete de estreno?

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Los ministros han puesto sus cargos a la orden. No han hecho las maletas todavía, pero están dispuestos a salir de sus despachos si Maduro lo ordena. No saben cuál será su destino en adelante, porque depende del jefe del Estado. Al fin y al cabo son aves de paso, pensarán los ministros, y el vuelo no depende de sus alas sino de lo que se resuelva más arriba. Ocupan cargos de confianza y las confianzas suelen ser volubles, también habrán pensado ellos ante la posibilidad de un destino incierto.

Estamos ante situaciones que habitualmente se han presentado en Venezuela. Son asuntos normales de la alternabilidad, cuestiones de éxitos y fracasos que debe pesar el capitán del equipo cuando revisa las rutinas a su cargo y llega a las conclusiones del caso. Sin embargo, ¿realmente son situaciones a las que estamos acostumbrados en los últimos tiempos? En los últimos quince años no ha sucedido así. Ha predominado el desfile de las caras conocidas, la falta de motivos para la sorpresa, el tedio de las barajitas repetidas en el álbum de Miraflores.

¿Será distinto ahora? ¿Presenciaremos una movida de mata hecha y derecha? Esos estremecimientos propios del período de la democracia representativa se han borrado de la faz de la tierra. No ocurrirá una mudanza en las alturas, si consideramos el hábito revolucionario de mover solamente las fichas conocidas, aunque no resulten tan eficaces como se requiere cuando se quiere ganar el juego.

Se puede apostar por retoques y maquillajes no solo porque así ha sucedido desde los tiempos del desaparecido presidente Chávez, y porque no se le ve a Maduro el énfasis necesario para darle un vigoroso palo a la piñata, sino quizá también porque no abunden los candidatos.

El problema radica en que, ahora más que nunca, se requiere una modificación radical en relación con el entendimiento de las funciones públicas y frente a una crisis de naturaleza general que conmueve a la sociedad.

La situación del país ha llegado al colmo de las carestías, al extremo de las carencias de todo tipo, al récord de la inseguridad, al clamor por la desatención de la salud de los ciudadanos, a la desesperación por la falta de puestos de trabajo, a trabas propias del siglo XIX para moverse en el país y para viajar hacia el extranjero, a incurias de todo tipo en la atención de las necesidades de todos los días. Solo han crecido la represión, la demagogia, los ataques contra la libertad de expresión y la aplicación arbitraria de la justicia, sin que se observen movimientos capaces de paliar una problemática tan evidente.

No solo se necesita un cambio de ministros sino también un giro completo en las maneras de concebir la función de administrar una sociedad que  requiere mejores y mayores cuidados que impidan trágicos desenlaces. Por algo se empieza, pero no parece que la masa esté para esos bollos en el horno del presidente Maduro. Lo más probable es que veamos más de lo mismo, mientras Venezuela marcha veloz hacia el despeñadero.