• Caracas (Venezuela)

Editorial

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Sí, adivinó usted, amigo lector: nos estamos refiriendo al reencauchado gabinete que, como es habitual en el chavismo, se estructuró con enroques, promociones y ratificaciones.

Hay, empero, novedades para la gestión económica. Un empresario, Miguel Pérez Abad, en la cartera de Industria y Comercio; pero, para que no se equivoque, le colocaron por encima a un vicepresidente del área, el ministro de Economía Productiva, Luis Salas, sociólogo radical ­cuyas ideas extremas trata de inculcar a sus alumnos en esa escuelita para adultos que llaman Universidad Bolivariana­ quien, como comisario político, le marcará el paso para camuflar medidas impostergables de corte neoliberal (devaluación, aumento de la gasolina, liberación de precios). La historia de siempre.

Sí, la misma historia de enigmáticas premiaciones y castigos (para consternación del capitán botaron a su hermano, pero para consolarle, ratificaron a su enchufada esposa) que ha caracterizado la gestión Maduro.

Cuando Dante Rivas y Ernesto Villegas vieron frustradas sus aspiraciones de convertirse en alcaldes (de Porlamar el primero; de la Gran Caracas, el otro) se les recompensó con sendos cambures. Ahora le tocó el turno a Emma Ortega: vapuleada el 6-D en Aragua, se le nombró regente de un despacho más raro que rancho con timbre, el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Urbana.

Preguntar con qué se come esa cosa, sería ocioso; no lo es tanto especular sobre su misión: ¿sembrar en los balcones, techos y terrazas hidropónicos cultivos? Es posible. Hay quienes cosechan cannabis en sus apartamentos. Recuerde esa flamante creación que hiciese Zapata cuando, en la Cátedra del Humor, postuló a Ildemaro Torres para el ministerio de Cultura y Cría. Pero, el que, sin duda, puso el listón bien alto fue Aristóbulo.

Manipulaba acaso el leader y jalaba el pez hacia la borda cuando repicó el celular y se le escapó la presa. Poco o nada le importó. La cara de Nicolás sonriente prefiguró la buena nueva: a partir de hoy, eres el segundo al mando. Saltando por la cubierta en una sola pata, vio su rostro reflejado en el ojo de buey y le cantó versos que Rosas Marcano escribió para Un solo Pueblo: "Quién ha visto negro como yo, comiendo papa, lechuga, calabaza y quimbombó". Maduro le alivió el lastre que significa gobernar donde ya no te quieren.

Ya pueden los anzoatiguenses irse olvidando del revocatorio. Nico me salvó en la raya, se dijo, y enfiló la embarcación hacia la marina (las malas lenguas hablan de yate; nosotros le concedemos el beneficio de la duda, un modesto tres puños pagado con los ahorros de cuando era sindicalista).

Por el carácter plebiscitario que el régimen imprimió a las pasadas elecciones, barruntar un desalojo refrendario tendría mucho sentido; despojar al pueblo de la potestad de hacerlo, no tiene ninguno y, además, ¿quién ha visto negro, perdón, afrodescendiente como yo?