• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Fiscales de firmas

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El régimen hace lo posible por impedir el referendo revocatorio. Maduro dice que no es una obligación, como si tuviera la posibilidad de evitarlo a través de su cansona retórica, pero no se ha quedado en las palabras. Ha nombrado un grupo de su confianza para que se ocupe de las zancadillas que correspondan. En medio de los temblores que seguramente le produjo la movilización popular en la primera recolección de firmas, signo pionero del repudio que le espera cuando se complete el proceso, sacó de la manga una curiosa comisión para que se encargue de una minuciosa observación de las primeras cajas de rúbricas que la MUD ha entregado al CNE.

¿El CNE ha perdido su confianza, ese CNE que ha acompañado con solicitud al régimen cuidando sus intereses como perro de presa? ¿No tiene el CNE los equipos técnicos para evitar que la oposición le meta gato por liebre en el primer capítulo del revocatorio? ¿Va a reemplazar a sus leales rectoras en el inicio de un proceso en el cual se le va la vida? ¿Van a ser unos procuradores de su intimidad, en lugar de las funcionarias legalmente capacitadas, los que se encarguen de atender un caso esencialmente institucional?

Pueden agregarse más preguntas, pero las apuntadas son suficientes para llamar la atención sobre la puesta en marcha de un procedimiento insólito, absolutamente ilegal, para la verificación de la validez del primer lote de firmas entregadas por la oposición al organismo correspondiente.

Los amigos de Maduro pueden confesarle su amistad incondicional y proclamarla en lugar público, si no les produce vergüenza, si se sienten a gusto ante una compañía cuestionada por el pueblo. Es su derecho, cada oveja tiene la posibilidad de convivir con su pareja, aún cuando esta se encuentre ante el terrible trance de la desaparición por voluntad popular, pero no pueden suplantar la autoridad de los organismos del Estado.

Pueden ofrecer recetas para la salvación del inminente ahogado, no faltaba más, pero les está vedada la intromisión en funciones que solo competen a la burocracia dispuesta para el caso por la AN.

Ya la oposición ha protestado por la insólita designación de sus amigotes que ha inventado Maduro, pero todavía no nos hemos enterado de la indignación del CNE ante el esquinazo que le quiere propinar el jefe que antes las ha mimado y llenado de piropos; ante una comisión absurda que arrincona a sus rectoras mientras concede protagonismo a unos advenedizos cuyo crédito radica solamente en la confianza del mandón.

Los dirigentes de la MUD tendrán que aumentar el volumen de su protesta ante la grotesca ventaja que el nominado a la revocación impone desde su debilidad para evitar su salida de la escena, pero las rectoras del organismo electoral, con Tibisay Lucena en la vanguardia, tienen la urgencia de lavarse la cara ante la sociedad antes de que su jefe las someta a una afrenta que ni los más pobres de espíritu pueden soportar en silencio.