• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Firmar es un delito chavista?

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Siguen los espectáculos de circo entre los principales voceros del oficialismo que, sin vergüenza alguna, declaran a los medios de comunicación lo primero que les viene en gana sin tomar en cuenta que, con tantos disparates en el aire, no logran otra cosa que aumentar el desaliento y la incertidumbre entre sus propios partidarios y, por extensión, en el resto de los venezolanos.

Por allí salió de nuevo el capitán Cabello a expropiarle el derecho de los trabajadores públicos a tener su propia opinión y expresarla ya sea de viva voz o con su firma por el revocatorio. Este señor se niega a aceptar la realidad de que ya no ejerce función alguna de relevancia oficial porque fue sacado de la Asamblea Nacional de forma abrumadora por los votos de los venezolanos. Tal fue su desempeño al frente del Parlamento que nadie le recuerda por otra cosa que no fuera su comportamiento autoritario y fascistoide, como corresponde a un militar chavista cuando tiene que quitarse el uniforme y vestirse de civil.

Tratando de imitar a Chávez y a su comportamiento esperpéntico cuando maltrató a los trabajadores de Petróleos de Venezuela y los expulsó de sus puestos de trabajo sin que, hasta hoy, le hayan pagado lo que la ley indica, este capitán en descenso encabeza ahora una cruzada para que se haga una “limpieza en la administración pública” y se castigue a aquellos empleados que actuaron de acuerdo con lo que le dictó su conciencia. 

Los obreros, los trabajadores y los técnicos y profesionales que dedican sus esfuerzos a gestionar de la mejor manera posible la administración pública a pesar de las torpezas de sus jefes, no son animales que se les puede meter a la fuerza en un potrero. Son seres humanos con todos sus derechos y deberes, gente noble y esforzada que tiene sus ideas políticas y que están indignados por la manera como una camarilla de civiles y militares les ha robado su ideal de revolución hasta convertirlo en un gran negocio propio de pandillas de los bajos fondos, muy lejos de un proyecto social y económico que reivindique a los más desprotegidos como era la idea inicial que hoy, por desgracia para la militancia chavista, han tirado a la basura sin miramiento alguno.

Vale preguntarse si el fracaso del chavismo como propuesta social y política se le debe achacar a los trabajadores que, a pesar de todas las dificultades que padecen por la mediocre actuación de sus altos jefes, siguen siendo fieles en su militancia pero que, como es lógico, se niegan a firmarle un cheque en blanco a unos corruptos que, como vulgares ladrones de apartamentos, se llevaron todo y no dejaron nada para los demás, ni siquiera los bombillos de la luz.

Ayer el ministro del Trabajo, Oswaldo Vera, saltó al ruedo de la opinión pública cuando se atrevió a decir “que los trabajadores de la administración pública que firmaron para activar el revocatorio en contra del presidente, Nicolás Maduro, no pueden ser despedidos por una causa política”. ¡Ay, no le apostamos mucho a la estabilidad laboral del ministro!