• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Fin de los medios?

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En el marco de la celebración del 65° Congreso Mundial de Periódicos y el 20º Foro Mundial de Editores realizados en Bangkok, el Comité Ejecutivo de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias expresó su preocupación por lo que considera uno de los deterioros más significativos de la libertad de prensa en América. Se refería el comité al trato dispensado por el régimen kirchnerista a los medios de comunicación argentinos, a los cuales se pretende chantajear mediante el manejo discrecional de pautas publicitarias.

El caso argentino no es el único donde un gobierno apela a la retaliación para castigar la actitud crítica de diarios, emisoras o televisoras. En Turquía, el primer ministro, Erdogan, embiste contra Internet y las redes sociales, culpabilizándolas de las violentas protestas en su contra. Más cerca de nosotros, en Ecuador, Rafael Correa se vale de docenas de triquiñuelas para doblegar y someter a los medios que discrepan de su modelo.

En Venezuela, la revolución bolivariana manifestó, desde los comienzos de su gestión, su intención de hacerse con la hegemonía absoluta del espectro comunicacional. Mediante adquisiciones irregulares, confiscaciones indebidas y otros artificios, el chavismo ha consolidado un aparato mediático grande en tamaño pero enano en audiencia, lo cual explica su constante encadenamiento a la red nacional privada de radio y televisión.

Intentando corregir esa asimetría entre receptor y recepción, el Gobiernos -a partir del cierre de RCTV y el alto costo político que pagaron por el mismo- han apostado al hostigamiento y la intimidación como armas para avasallar a quienes consideran parte de una superestructura informativa adversa. Con el soporte de ese poderoso caballero que es don Dinero y la intermediación de empresarios de fortuna reciente vinculados a prohombres del chavismo, han logrado alinear al coro que opta por el mutismo ante los desmanes oficiales, a importantes órganos de difusión contrarios a sus designios.

Lenguas emponzoñadas con el peor de lo venenos, enquistadas en esa madriguera en que se ha convertido “el canal de todos los venezolanos” procuran infectar con odio a su exigua teleaudiencia para mal ponerla con quienes, desde la prensa escrita y audiovisual, se atreven a disentir. Con saña goebbeliana enfangan la reputación de editores y empresarios para obligarlos a capitular ante multimillonarias ofertas de compra que persiguen apuntalar esa hegemonía que, gracias a la testarudez del auditorio, los rojos no han podido conseguir del todo.

Pero la estrategia es clara. Se trata de control. Control absoluto que implica adueñarse de los espacios de disensión; de allí su demencial determinación de militarizar a la sociedad civil. Grotesca aspiración imposible de concretar mientras no logren colocar los medios al servicio de sus fines. Por ello se empeñan en ponerles fin a cualquier precio.