• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Falsa Promesa

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Entre los comentarios que los máximos dirigentes del PSUV ofrecieron a la prensa hay uno que provoca no sólo risa sino carcajadas. Los rojitos dicen que si pierden las elecciones presidenciales entregarán el poder a Henrique Capriles sin armar barullo ni alboroto alguno, sin salir a la calle a provocar con sus armas y sus encapuchados, sin apelar a los narcogenerales y a la supuesta lealtad de los militares con la revolución cubana y venezolana. Es decir, que están dispuestos a cumplir con lo que manda la Constitución.

Ahora bien, ¿pueden hacer otra cosa que no sea entregar el poder pacíficamente? ¿Pueden alzarse desde Miraflores y decir que no acatan la voluntad popular? ¿Se atrincherarán en Fuerte Tiuna, o en los cuarteles de Maracay y de Valencia? Les iría mejor no jugar con fuego y contrariar la voluntad popular pacíficamente expresada en las urnas pues al final pueden ir por lana y salir trasquilados.

Lo cierto es que no le quedó nada bien a Aristóbulo, jacarandoso afrodescendiente y gran saltador de talanquera desde la cuarta república, anunciar que ellos están preparados para pasar a la oposición sin pegar ni tan siquiera un chillido de gato mojado. Resulta extraño que luego de 14 años de violar la Constitución como les ha venido en gana, el oficialismo prometa respetarla letra a letra, como si no fuera una obligación que no pueden dejar de cumplir. La carta magna no necesita fiadores y menos de la trayectoria del susodicho.

Un soldado, por ejemplo, no debe estar repitiendo a cada toque de diana que disparará su fusil para defender la patria porque ese es su deber y su función, a un taxista no le queda nada gracioso decir que nos transportará hasta nuestra residencia o al trabajo si le pagamos su tarifa, a una caminadora la tomarían por loca si se pone a vocear a medianoche que está dispuesta a hacer el amor por dinero.

Pues eso es lo que está haciendo el Gobierno: “Entregaremos el poder si perdemos las elecciones”, como si ellos le concedieran un favor a los venezolanos que están cansados de un presidente y quieren mandarlo a descansar y, de paso, lograr que descanse el país de ese sermón de odio que ya dura catorce años sin parar.

Aristóbulo le pidió a la oposición que amarrara sus locos para que no se formaran disturbios y se llegara al caos. Un buen consejo que debería aplicarlo empezando por casa, donde se supone está el orate mayor que seguramente no tiene la menor gana de entregar el poder. Como muestra de ello basta el ventajismo de las cadenas presidenciales y la cantidad de trampas que han cometido los jerarcas del PSUV para entorpecer la campaña electoral, las descalificaciones de los dirigentes opositores, la persecución contra los periodistas y los medios de comunicación para acallarlos, la guerra sucia y el CNE parcializado abiertamente hacia el oficialismo. Todo un gran plan para no entregar el poder.