• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Espía busca asilo

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Al paso de los días ha quedado en evidencia la instrumentalización política, por los presidentes de Ecuador y Venezuela, del caso del exagente de la Agencia Central de Inteligencia y excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Edward Snowden.

El caso es complejo para Estados Unidos, como se infiere del recato del presidente Obama al tratarlo públicamente y al comentar que tales filtraciones no se repetirán, que no hay operación especial prevista para la captura y que confía en que funcionen los procedimientos ordinarios de extradición. China y Rusia no han mostrado disposición a involucrarse, ni entregando ni defendiendo a Snowden de cargos de espionaje y robo de propiedad federal, que son delitos muy graves.

La otra vertiente del asunto es el contenido de las filtraciones, por lo que dicen y suman a la secuencia de escándalos que han afectado al gobierno de Obama en los últimos meses, dos de ellos relativos a la intercepción de llamadas telefónicas y comunicaciones por Internet por razones de seguridad nacional. Lo que revuelve, en terreno nacional e internacionalmente difícil para Estados Unidos, el costo que para la libertad de propios y extraños siguen teniendo las estrategias antiterroristas.

Es, sin duda, un tema delicado del que también participan otros servicios de inteligencia del mundo. Pero de allí a considerar a Snowden un héroe y a usar su petición de asilo como vía para desviarse del asunto de fondo, hay un trecho largo.

Es así como ha sido tratado el tema por Rafael Correa, especialmente después de la innecesaria advertencia de varios legisladores de Estados Unidos de que podría no prorrogarse el trato preferencial a las exportaciones ecuatorianas, acuerdo que en realidad estaba ya en dificultades para su renovación.

Correa no perdió la ocasión para proyectarse nacional y regionalmente con encendidos discursos en los que ha colocado el tema en el terreno de la soberanía, renunciando por ignorancia a las preferencias arancelarias que en realidad son otorgadas por el Congreso de Estados Unidos, y no por la Casa Blanca.

De pronto, justo después de que Henrique Capriles hiciera notar el riesgo que para la normalización de vínculos con Estados Unidos tendría una oferta venezolana de asilo a Snowden y mientras la prensa internacional mantenía la atención sobre Ecuador, el presidente Maduro se ha ocupado del asunto para solidarizarse con Correa, pero también para colocar su vela en el entierro: “A nosotros nadie nos ha solicitado asilo humanitario para Snowden, pero yo le digo al mundo entero: …Venezuela está a la orden para proteger a este valiente joven de manera humanitaria”.

Se repite el discurso oportunista que se muestra humanitario hacia afuera, que aplaude el desmantelamiento del secreto y la inteligencia en otros países. El caso, pues, convertido en buen pretexto, pero también en vitrina de doble rasero.