• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Escollos de la verdad

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La MUD ha emprendido arduo camino, cuando pretende iniciar sus contactos con el gobierno partiendo de la creación de una Comisión Nacional de la Verdad. Si ya es objeto de críticas despiadadas porque se ha encerrado a conversar con los responsables de las mentiras más grandes que se han dicho en Venezuela durante las últimas décadas, no deja de parecer ingenuo que ahora llegará a encontrar realidades admitidas por todos porque, vaya sorpresa, el mentiroso considera oportuna la corrección del camino de sus patrañas y porque la reunión de los partidos tiene posibilidad de que los engañadores profesionales enderecen sus cargas.

Pero no solo es un caso de ingenuidad, sino también el comienzo de un derrotero que no tiene fin cercano. Hay que formar la Comisión, en primer lugar, y en esa búsqueda se perderá mucho tiempo. La selección de las personas idóneas costará trabajo: este sí y este no, aquel parece pero el otro es sospechoso de desequilibrio, fulano simpatizó con ustedes y nos atacó hace tiempo, etcétera. Se jugará un ajedrez de negaciones, dudas y objeciones capaces de perdurar mientras la realidad invita a desenlaces de urgencia.

No parece que lleguemos pronto a la verdad pero el régimen ha encontrado una alternativa de reconocimiento por el simple hecho de que ha admitido la realidad, por primera vez en quince años, y de que ha perdido el monopolio de las interpretaciones de lo que pasa en Venezuela.

¿Lo ha llevado la MUD a ese convencimiento, o a esa concesión? Quizá el régimen se haya dado cuenta del aprieto por el que pasa, capaz de llevarlo a la aceptación de otros entendimientos de las circunstancias. Tal vez no le quede más remedio cuando el agua le llega al cuello y son demasiadas las evidencias del uso excesivo del poder, con la violación de los derechos humanos de los manifestantes y con el rechazo que su escandalosa conducta ha causado. La Comisión de la Verdad a la cual se puede llegar con el auxilio de la oposición puede ser un salvavidas del gobierno, en consecuencia.
Sin embargo, había que empezar por algo. Nadie podía salir del primer encuentro con las manos vacías. Especialmente cuando la MUD, de acuerdo con lo que nos ha llegado del hermetismo de la reunión inicial, insistió desde el principio en el otorgamiento de una disposición de amnistía a la que se negaron sus interlocutores del oficialismo.
Cárceles sin detenidos, libertad para los estudiantes presos, olvido de los hechos supuestamente violentos sucedidos durante las manifestaciones, para que los hogares vuelvan a la calma y se pueda después, luego de una indiscutible demostración de buena voluntad, llegar a soluciones serias y convincentes de los problemas que agobian al país. Esa fue la primera carta que la MUD puso sobre la mesa, pero provocó la primera negación enfática de los delegados del régimen.
La negación de la amnistía propuesta por la MUD indica la renuencia del gobierno a cambiar de actitud, la decisión que manifiesta de mantenerse en su posición de prepotencia y de negación de las razones de sus adversarios, especialmente de los motivos que han provocado la movilización de los estudiantes.

De allí que apenas quedara abierto el postigo para la creación de una Comisión Nacional de la Verdad, cuya única ventaja parece ser la de que no dependerá del capricho omnipotente del presidente de la AN. ¿Algo es algo?
 
Es temprano para una respuesta contundente pero, si consideramos que en esa primera reunión también se abordó la renovación de poderes como el Electoral y el Judicial, mientras se inicia la ruta hacia una verdad que cada vez se vuelve más recóndita, más huidiza, quizá se llegue a salidas decentes en torno a aberraciones que claman al cielo.