• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Mañana los venezolanos vamos a elegir a los gobernadores de los estados. Se trata de una conquista relativamente reciente de enorme significación para la democracia. Es oportuno hacer un poco de historia con miras a ponderar esta nueva jornada electoral que se adelanta en condiciones difíciles pero superables, debido al delicado estado de salud del mandatario nacional.

En el seguimiento de algo tan sensible como la enfermedad del Presidente de la República, El Nacional ha puesto especial cuidado, día tras día, en cumplir nuestra misión de informar adecuadamente a nuestros lectores, al tiempo que nos apegamos a las fuentes oficiales cuyos reportes hemos seguido de manera escrupulosa.

No ha sido una tarea fácil porque en unas elecciones los ánimos tienden a encresparse y la obligación de los medios de comunicación es ayudar a la estabilidad institucional a través de informaciones claras y objetivas. Errores ocasionales nunca faltan pero la prensa independiente ha sido cuidadosa, como nunca antes, en no mezclar la situación del Presidente con lo que ocurre en las campañas electorales en las regiones. Ojalá esta conducta se extienda también a los medios oficialistas para calmar las confrontaciones.

Recordemos que la Constitución de 1961 había dejado establecido que, por la vía legislativa, se podría establecer "la forma de elección y remoción de los gobernadores" pero que, mientras no se aprobase esa norma, correspondería al Presidente nombrar a los mandatarios regionales. Transcurrieron veintisiete años hasta que fueron aprobadas las leyes para desarrollar la descentralización. Esto da una idea de la trascendencia de lo logrado en 1989.

Fueron aprobadas por el Congreso Nacional, entre otras, la Ley Orgánica de Elección y Remoción de Gobernadores de Estado, la Ley Orgánica de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del Poder Público y también la reforma a la Ley Orgánica del Régimen Municipal, que definió la figura del alcalde y su elección directa.

Fueron acuerdos de lenta y compleja construcción pero finalmente logrados con el legítimo propósito de mejorar la calidad de la democracia a través del impulso a la vida política desde las localidades y regiones. Así ocurrió en al menos dos sentidos.

Por un lado, se trataba de desconcentrar poder y diversificar regionalmente los contrapesos a su ejercicio; por el otro, dar mayor participación a los ciudadanos, no sólo en el momento de la elección sino como fiscales de las gestiones del gobernador de su estado.

En 1999 la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela acogió aquellos preceptos de modo expreso. No obstante las reformas legales de los últimos años, sigue siendo cierto que si en algún ámbito la ciudadanía tiene posibilidad inmediata de fortalecerse y hacerse sentir es en la gobernanza democrática de los espacios regionales y locales. Por eso hay que votar.