• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Escándalo en Paraguay

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Resulta difícil entender cómo hoy los hijos de un dirigente de izquierda que murió en una celda luego de ser salvajemente torturado se opongan, con un abominable cinismo, a las peticiones de libertad para los presos políticos  en Venezuela. Y lo peor es que para justificar su posición estos burócratas bolivarianos mientan con descaro y altanería señalándolos de haber cometido delitos que jamás ocurrieron como bien lo saben quienes investigaron, desde los mismos cuerpos de seguridad, esos hechos.

Da lástima que existan estos personajes siniestros que, para desgracia del país, hoy ocupan cargos para los cuales jamás se prepararon. De allí que en los escenarios internacionales sean pasto de burlas y chascarrillos de diplomáticos de carrera de Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Colombia o México, que a sus espaldas sueltan la risa porque no entienden que un país como Venezuela, que a la llegada  de Chávez al poder se propuso desplegar una intensa actividad en América del Sur, haya caído tan bajo en el ranking de la diplomacia continental.
Y no podía ser de otra manera, porque lo primero que hicieron los bolivarianos al asumir el poder fue desmantelar la Cancillería y perseguir, con saña y maldad, a quienes se habían formado como profesionales en las aulas universitarias para manejar los asuntos de Venezuela en el exterior y, desde luego, hacer valer nuestros derechos donde hubiere necesidad y así lo requirieran los intereses de la nación.

Hoy vemos con tristeza cómo en la reciente Cumbre de Mandatarios del Mercosur nuestra cancillería hizo el ridículo y sumó mucho más críticas al ya de por sí aislado gobierno de Maduro. Sin duda las culpas hay que extenderlas al comportamiento inadecuado y grosero de la canciller, la señora Rodríguez, quien carece de estudios calificados para ese alto cargo y que, como es fácil inferir, llegó allí de la mano del grupito de alpinistas burocráticos que se aposentó en la Casa Amarilla, otrora lugar decente hasta que llegó la tropa rojita acompañada de los inevitables “expertos cubanos”. Desde esa fecha se inició el relajo.

Ayer lunes, en la Cumbre de Mandatarios de Mercosur, en Asunción, Paraguay, se le daba la bienvenida al nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri, que como es bien sabido desde mucho antes de su llegada al poder ha mostrado preocupación por la suerte de los presos políticos en Venezuela. Es una posición seria, respetable y civilizada con respecto a la plena vigencia de los derechos humanos en el continente.

La que sí actuó como una funcionaria poco civilizada fue la maleducada canciller de Venezuela que, olvidando su rango, lanzó una serie de ataques contra el presidente Macri usando términos más propios de un sitio nocturno que de una alta representante del gobierno venezolano.

Sus bajas pasiones, sus rabietas y ataques de histeria guárdelas para su hogar o su despacho, pero si va a representar a la República Bolivariana de Venezuela, pues compórtese a la altura, con decencia y buenos modales.