• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Enemigos del diálogo

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El encuentro de la MUD con el gobierno ha contado con la antipatía de millares de venezolanos. Para muchos es pecado sentarse con el verdugo, o es complicidad. Para otros, un poco más comprensivos pero llenos de prisa, como no se llegó a resultados concretos después de un trío de sesiones de trabajo, lo mejor era clausurar el camino de las paces.

Hay grupos que niegan la representatividad de los voceros de la oposición y proponen la búsqueda de nuevos interlocutores. Si no están presentes los estudiantes las conversaciones son inútiles, agregan también. Lo mío son las guarimbas, insisten otros sectores sin que les tiemble la voz.

Los reproches abundan, y no es cuestión de considerarlos como conductas irracionales sino como consecuencia de las vicisitudes que presionan la vida de la gente. En la medida en que se siente una asfixia, se procura el oxígeno de inmediato. Cuando la soga aprieta en la garganta del vecino mientras el verdugo contempla tu cogote, nadie quiere estar en las cercanías del patíbulo. En tiempos de turbulencia, por lo tanto, los negociadores topan con una muralla de incomprensión que difícilmente se derrumba.

Pero los enemigos fundamentales del diálogo no son los ciudadanos que lo han criticado, sino los representantes del gobierno. Han escuchado los reproches de la MUD, algunos muy severos, pero se conformaron escuchar. Conocieron las evidencias que les presentaron sobre violación de derechos humanos, pero se limitaron a leer los informes sin buscar un desenlace.

Se les ha planteado la necesidad de un decreto de amnistía que libere a los prisioneros políticos y permita el regreso de los exiliados, pero las celdas y las aduanas continúan con llave. La Comisión Nacional de la Verdad que se propuso como una alternativa de reconciliación que partiera del entendimiento equilibrado de las recientes turbulencias, no salió del limbo. En suma, las iniciativas planteadas por la MUD no han encontrado ninguna respuesta satisfactoria.

Aparte de la sordera y de la indiferencia que, por parte del régimen, reinaron en las sesiones de trabajo, hay otros factores, también del oficialismo, que conspiraron abiertamente contra las salidas planteadas. El discurso altisonante de muchos de los líderes del PSUV no ha bajado el volumen, sino todo lo contrario. En la AN, los diputados rojos rojitos manejan las cosas como si conviniera la alimentación de las asperezas, en lugar de su erradicación.

De acuerdo con las palabras del capitán Cabello, es repugnante la alternativa de un mínimo grado de avenimiento con el adversario. La reacción del ministro Rodríguez Torres, caracterizada por ataques virulentos y no pocas veces infundados contra los factores que juzga como dignos de pública venganza, echa más leña a la candela.

¿Qué pasa con ese tipo de respuestas? No se quedan en la cercanía de los micrófonos. Se materializan en los hechos de violencia que se multiplican, en el recrudecimiento de la represión, en ataques cada vez más vigorosos contra las universidades y en el regreso de los grupos paramilitares que permanecieron por breve lapso guardados en sus cuarteles, pero que ahora andan otra vez de su cuenta.

Es evidente que nada de esto sucede por combustión espontánea, porque las células tuvieron ganas de hacer metástasis de manera independiente, sino porque se prohíjan desde la cúpula del oficialismo.

Mientras se intentan conversaciones civilizadas, la incivilidad y la barbarie las impiden. El autoritarismo es el enemigo del diálogo. Quienes buscan explicaciones sobre la esterilidad de los encuentros de la MUD con el gobierno deben estar pendientes del viaje destructor de esos torpedos.