• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Emergentes y decadentes

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La invitación del canciller ruso para que Argentina asista a la próxima reunión del grupo que integran Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica es también una invitación a evaluar el propósito de ese conjunto de países, llamado Brics, y lo que los caracteriza como potencias emergentes.

En pocas semanas está pautada en Fortaleza (Brasil) la cumbre de los países que se presentaron en 2008, y asimilaron tres años después a Sudáfrica, como parte de un acuerdo entre las economías en desarrollo más grandes del mundo, con 43% de la población, 25% del PIB y fuentes de 20% de la inversión extranjera directa global.

En su agenda lo central es su participación en la administración del orden internacional y la economía mundial, pero siempre en clásicos términos de política de poder. En los intercambios de apoyo en foros internacionales y hasta en el proyecto de crear un banco de desarrollo, que se concentraría en el financiamiento de planes de infraestructura, lo que se lee es la proyección de los intereses políticos y económicos de cada uno.

El nombre mismo de potencias emergentes y la idea de que su vinculación representaría un impulso transformador para el orden internacional lucen hoy, cuando menos, criticables. Cada uno de los cinco países tiene en lo uno y lo otro sus deudas, de tamaño variable, en proporción directa a su jactancia. Deudas con el mundo y con su gente.

Sudáfrica, no obstante la herencia política de Mandela, es emergente menor, al que no favorece la indiferencia de los socios que lo miran a través del cristal de la economía y la geopolítica. India, de mayor tamaño económico y considerada la democracia más grande del mundo, por el tamaño y la diversidad étnica y religiosa de su población, también se proyecta como una sociedad en la que al padecimiento de la miseria y el desconocimiento de derechos laborales, lo acompañan la violencia política, religiosa y, de modo en extremo cruel, la de género, manifiesta en la arraigada práctica de violaciones.

Brasil ha reducido la desigualdad en la distribución del ingreso, pero sigue teniendo el segundo lugar detrás de Suráfrica. En materia ambiental, es el único que no se recupera de la deforestación y  está entre los siete países responsables de 60% de la emisión mundial de gases de efecto invernadero.

Con China y Rusia la grieta de las potencias emergentes se ensancha grandemente en los derechos humanos. En China la expansión económica exterior se combina con su extrema restricción de los derechos humanos. Una situación semejante a la de Rusia, donde se limitan  mediante leyes, y de facto, los derechos a la manifestación y la protesta, a la información, al debido proceso y a la asociación, mientras no dejan de acumularse las denuncias sobre  la ausencia de investigación y la impunidad ante desapariciones, malos tratos, torturas y ejecuciones extrajudiciales.