• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Elemental, Jaua

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En una aclaratoria que oscurece, el ministro del Poder Popular para las Comunas, Elías Jaua, trata de explicar lo inexplicable y de excusar lo inexcusable al referirse al rocambolesco incidente (acaecido en Brasil) el cual involucró a quien no se sabe si es niñera, institutriz, secretaria o, como cree el común, una escolta del régimen, Yaneth Anza.

Lo primero que cualquiera, sin ser Sherlock Holmes, deduce del comunicado difundido por Jaua a propósito de las peripecias vividas por él, su pareja y la “niñera” que fue a dar con su huesos a una cárcel de Sao Paulo por intentar introducir ilícitamente un arma, es que el maletín que su jefe le ordenó trasladar era en realidad un enorme maletón.

La niñera habría sido instruida para que sacara del maletón la pistola pero no pudo dar con ella. “Error involuntario”, pero no de la niñera sino de quien le ordenó irresponsablemente agarrar un arma sin tener experiencia.

Jaua se defiende y le echa las cargas a “Yaneth Anza, trabajadora de mi estricta confianza para que me auxiliara con el retorno de mi esposa convaleciente y me trasladara documentos que requería para los trámites respectivos en el centro de salud, advirtiéndole que sacara del maletín mi arma personal, legalmente acreditada. Ella no logró encontrarla y viajó convencida de que no trasladaba ningún armamento…”.

No se trataba de encontrar una aguja en un pajar, sino de buscar un objeto cuyo tamaño no pasa inadvertido. Es conjeturable que lo sucedido no fue producto de un error, sobre todo cuando el excanciller abogó por la integridad de Yaneth Anza, aduciendo que lleva 15 años trabajando como doméstica para la familia (¡Caramba, Elías José, quién te ha visto y quién te ve!). Revolucionario con niñera ¡esa sí no existe!

Las malas lenguas dicen que en el carísimo colegio donde se aprende francés llegan los vástagos del dirigente rodeado de escoltas y, por supuesto, a la entrada y a la salida siempre está la famosa niñera, a lo mejor arrullando, esta vez sí, un maletín. Cuentan que supuestamente hubo quejas de las madres porque en un colegio nadie debería entrar portando un arma aunque nadie fue señalado por ello. Desde luego el temor ha levantado un manto de silencio.  

Abunda Jaua en argumentos defensivos y confiesa sin rubor sus prácticas de nepotismo: “En este viaje, dentro del equipo de trabajo que me acompañaba se encontraba mi esposa, quien forma parte de mi grupo de apoyo en el despacho del ministerio y en esa condición participaba de la visita de trabajo”.

Es lamentable que pase a segundo plano un asunto que debería acaparar la atención y que se relaciona con el uso de bienes nacionales, en este caso de Pdvsa, por parte de funcionarios públicos que hacen valer su privilegiada condición para viajar en los aviones de la estatal petrolera, una práctica que los chavistas condenaron como perversión propia de la cuarta república.

Peculado de uso, se llama eso y no es deducción de Holmes, es elemental corroboración de hechos, mi querido Watson.