• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Elecciones en el CIV
Espíritu unitario

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El Colegio de Ingenieros de Venezuela es uno de los más antiguos y prestigiosos del país, junto con el de médicos y el de abogados. También es de los más numerosos, pues a él están afiliados, a escala nacional, alrededor de 220.000 ingenieros, arquitectos y profesionales afines, lo que no es poca cosa en una nación que ha visto cómo, en estos últimos 15 años, se han destruido  instituciones fundamentales con el pretexto de la refundación republicana promovida por la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI.
De modo, pues, que era mucho lo que se jugaba en las elecciones celebradas el 3 de octubre para renovar la junta directiva del Colegio de Ingenieros. Eso lo tenía claro la oposición y felizmente se convino en una fórmula consensuada que se concretó en la plancha 7 del Movimiento de Unidad Gremial, que se alzó victoriosa con casi 70% de los votos, lo que significó para el gobierno una aplastante y humillante derrota. 
Hay varios aspectos de esos comicios que vale la pena comentar. El primero y más importante, la voluntad de participar en un proceso frente al cual el gobierno se decantaba por la abstención, valiéndose para ello de la arbitraria ocupación del estacionamiento que alguna vez perteneció a la sede principal del colegio en el Parque Los Caobos y montar allí un mercadito popular (lo que no puede ser calificado sino de sabotaje), pensando que el improvisado zoco alejaría a los votantes. No fue así. Privó la responsabilidad y millares de profesionales se desplazaron en el Metro o a pie para sufragar a favor de la unidad. 
Otra lección que de ese evento se desprende es que, cuando quienes deciden tienen cierta formación, se vota con la cabeza y no con el estómago. Los ingenieros adscritos a la administración pública se cuentan por decenas de millares y las empresas del Estado disponen de cuantiosos recursos para movilizarlos; sin embargo, a pesar de las amenazas, los autobuses y las gratificaciones inesperadas, nada pudo hacer el bozal de arepa para impedir que esos profesionales se pronunciaran en línea con sus convicciones y no con las pretensiones rojas.
Pero quizá la enseñanza más relevante de lo ocurrido en el CIV atañe a la unidad como prerrequisito para enfrentar y superar las candidaturas impuestas por el régimen y sus maquinarias de apoyo. La unidad consolidó el manejo democrático de un gremio emblemático cuya contribución, a la hora de denunciar riesgos y proponer soluciones para afrontarlos, ha sido invalorable.
De allí que el interés nacional haya privilegiado la ratificación de Enzo Betancourt en la presidencia de la entidad gremial como un acontecimiento auspicioso y ejemplarizante, el cual debería ser objeto de análisis y reflexión por parte de los partidos y la Mesa de la Unidad. 
Por último, ha de destacarse que los resultados de esa elección pueden tomarse como el adelanto de inmejorables augurios para la oposición, siempre y cuando se impongan la sensatez y el espíritu unitario.