• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Tentación regional

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En cuanto se supo de la tercera reelección de Hugo Chávez debió acelerarse el pulso de varios mandatarios latinoamericanos que apuestan por su propia repetición en el cargo, de ser posible, indefinidamente. En la lista se encuentran Cristina Kirchner y Rafael Correa, que ya revelan su intención de postularse en 2013. No deja de estar entre ellos Daniel Ortega, que jugó a fondo desde el poder, sin reparar en daños institucionales, para lograr ser reelegido el año pasado. Del mismo modo lo procurará Evo Morales en el año 2014. Contentos unos y otros de verse en el espejo de su par venezolano.

Rafael Correa lo expresó en el cupo de los 140 caracteres: “Chávez vencedor con casi 10 puntos de diferencia. ¡Viva Venezuela, viva la patria grande, viva la revolución bolivariana!”. También lo hizo Evo Morales: “No solamente es el triunfo del pueblo de Venezuela, sino también el triunfo de los países del Alba y de América Latina”. Por el mismo medio se manifestó la presidente Fernández: “Tu victoria también es la nuestra. La América del Sur y el Caribe. ¡Fuerza Hugo! ¡Fuerza Venezuela! ¡Fuerza Mercosur y Unasur!”. Daniel Ortega difundió una nota de “homenaje a su ejemplar liderazgo, a su magnífico temple, a su carácter, a sus dotes de comandante en jefe de la revolución bolivariana que ha llenado de valentía y fuerza indetenibles el corazón de todos los luchadores del mundo”. El Gobierno nicaragüense, por cierto, ha acordado con la OEA en estos días un arreglo de acompañamiento (no observación) para sus elecciones municipales.

He aquí el cuadro: desdén por el seguimiento de los procesos electorales; ningún reconocimiento a los electores, a quienes se debe respeto en su diversidad; atención concentrada en el día de las votaciones y olvido de que el triunfo electoral en una democracia no es equivalente al de coronación de un monarca absoluto.

No es casual que los presidentes que han cultivado con diversas fórmulas su vocación continuista compartan con el régimen venezolano un pobre balance en su desempeño democrático.

Quizá no quepa esperarlo de los mandatarios de este club, pero sí de otros y de las sociedades a las que cada uno debería representar: después de una elección presidencial como la venezolana, que tantas expectativas y atención mereció, debería haber seguimiento de la vida política de una sociedad en la que, según los más elementales principios democráticos, el que gana debe gobernar para todos y debe hacerlo para la diversidad que los resultados electorales han revelado.

No está de más advertir contra eso que se llama polarización. Con ella se nos presenta como dos bandos enfrentados, con lo que se desvirtúa la naturaleza y propósito del mensaje democrático que logró movilizar a 6,5 millones de venezolanos, cerca de la mitad del electorado. Eso es lo que les cuesta ver y reconocer a los reeleccionistas, pero está allí como una fuerza despolarizadora.