• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Duro con los curas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

E l chavismo conoce la importancia de las religiones. Por eso ha querido convertirse en templo nacional, en altar para la liturgia del comandante eterno, en misionero de una fe levantisca con un santo irrebatible en el altar. El resto de los cultos le estorba, las otras jaculatorias son una rivalidad incómoda, especialmente cuando se ha soltado el moño y quiere implantar a toda costa su proyecto de férreo totalitarismo.

No hay milagro que valga, ni beato ni arcipreste, ante el empeño de asentar a Maduro en el solio de la dictadura. De allí los ataques que en los últimos días viene dirigiendo el chavismo contra la Iglesia católica.

Ataques arteros, zancadillas ignominiosas, bajezas de grandes proporciones como las que propinan los locutores del canal oficialista cuando hablan del caso del asesinato de los dos religiosos salesianos ocurrido hace poco en Valencia.

La comunidad que los conoció no vacila en pregonar las virtudes de los sacerdotes asesinados, no deja de llorar la desaparición de dos modestos servidores de la feligresía y de la educación de la juventud, pero los "periodistas" del canal oficial se han atrevido a divulgar canalladas sobre la reputación de las víctimas.

Han sido capaces de insinuar la existencia de actos de pedofilia que condujeron al asesinato que tanto han deplorado los valencianos familiarizados con el trabajo de la comunidad salesiana.

Sin dar la cara del todo, sin ningún tipo de recato, quieren tapar con el dedo del descrédito injusto un crimen a través del cual se manifiesta el grado de descomposición al que ha llegado la sociedad gobernada por Maduro. "Espero que la Iglesia católica y sus seguidores no hagan de este crimen un festín", había advertido el ministro Rodríguez Torres, sin imaginar que desde el gobierno le pondrían desentonada música a la perversidad que anticipaba.

La música sonó después en Maracaibo para que bailara, de acuerdo con las notas de una violenta partitura, uno de los párrocos más conocidos del lugar.

El padre Palmar, un cura que ha llamado la atención por sus disputas con el chavismo, fue víctima de una golpiza. No estaba rezando, sino mediando en las protestas en una plaza de la ciudad, pero los grupos paramilitares consideraron que cometía pecado mortal y le pusieron de penitencia una paliza capaz de moler huesos.

El Zulia y Venezuela entera saben que el padre Palmar no se anda por las ramas, pero su empeñosa búsqueda de la copa de la mata no debe conducir, bajo ningún respecto, a la violencia de que fue objeto su persona.

Mientras se castigaba al párroco Palmar se ventilaban groserías y amenazas contra otros pastores de la localidad, ante el silencio cómplice del gobernador Francisco Arias Cárdenas.

Curiosa conducta del monaguillo Pancho que luego se puso las botas de golpista, pues todos sabemos que estudió para cura en el seminario.

Cambió el hábito talar por el uniforme, pero también cambió por mandonería el juicio que lo obliga a respetar, junto con la ciudadanía, a los representantes de la fe.

"Felices los que trabajan por la paz", insistió el cardenal Urosa hace poco en una entrevista por televisión. "Basta de enfrentarnos los venezolanos", escribió en reciente comunicado el arzobispo de Valencia, Reinaldo del Prette. La Conferencia Episcopal ha repetido mensajes idénticos, que se han divulgado públicamente.

¿Por qué, entonces, los ataques que referimos ahora? No sólo se deben a la profundización del proyecto autoritario que lleva a cabo el madurismo en nombre de Chávez, sino también al empeño de fundar la iglesia chavista que obligue a la lectura de un evangelio arbitrario y sectario. Probablemente ese tal evangelio no nos conducirá hacia el cielo azul, sino al propio infierno rojo.