• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dólares uniformados

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Hace años, recién llegado Hugo Chávez al poder, funcionarios de la embajada de Estados Unidos le preguntaron al presidente si el general que ocupaba el cargo de comandante del Ejército provenía de una familia adinerada. De inmediato Chávez respondió que no pero, intrigado, inquirió la razón de la pregunta. Los funcionarios de la embajada le confesaron que tenían información sobre millonarias sumas de dinero depositadas en un paraíso fiscal por el mencionado general.

Molesto, Chávez exigió explicaciones de por qué no se le tenía al tanto de esas investigaciones y le respondieron que todavía no estaban seguros de si el dinero provenía del narcotráfico. En realidad los dólares tenían su manantial en los famosos mercados populares que Chávez puso en manos de los militares y que tantos casos de corrupción generaron entre los mandos castrenses.

Todo esto lo traemos a la memoria porque el domingo pasado, en el suplemento dominical Siete Días, de El Nacional, se publicó una amplia y documentada investigación sobre cómo Cadivi entregó dólares a diestra y siniestra sin el debido control y fiscalización, a pesar de que los medios de comunicación democráticos, en especial la prensa escrita, alertó a cada momento sobre las serie de irregularidades que se estaban cometiendo a ojos vistas, sin que las instancias de control le pusieran freno a la rebatiña pública de dólares que se producía sin pena ni vergüenza.

Sucesivos escándalos destapados por la prensa llevaron a cambiar a los altos directivos que se suponía no estaban cumpliendo con su deber y que más bien constituían parte de la trama perversa por donde se escapaban ilegalmente cientos de millones de dólares hacia el exterior sin que fueran usados para los fines concedidos sino, más bien, para ser colocados en cuentas particulares en los famosos paraísos fiscales que recibían a los venezolanos y su dinero como un sediento que descubre agua en el desierto.

El presidente Chávez decidió cortar por lo sano y nombrar militares de su confianza en estos cargos de extrema importancia. Pero a la larga peor fue el remedio que la enfermedad, como bien lo revela el magnífico trabajo de investigación que realizó el equipo de Siete Días, con pruebas tan rotundas y contundentes que erizan los pelos hasta del contralor más curtido en su oficio.

Por ejemplo revela el trabajo publicado “que el coronel Manuel Barroso era presidente de Cadivi cuando esa institución aprobó en 2012 más de 23,5 millones de dólares a 2 importadoras con apenas meses de existencia: Alimentos Venenceres y Fármacos Venenceres, constituidas en junio y diciembre de 2010”.

Se nota que el señor Barroso, coronel por más señas, no se andaba por las ramas a la hora de revisar los antecedentes, los documentos, el capital, las sedes y los integrantes de las compañías que acudían a solicitar dólares. Si lo hubiera hecho, (o a lo mejor lo hizo y le dio una ceguera repentina) se habría dado cuenta que “ambas empresas, eran propiedad de un oficial retirado que se graduó con Barroso en la Academia Militar: el teniente coronel Carlos Arias Delgado”.

Para no alargar el cuento, la primera de las compañías mencionadas logró 16 contratos para suministrar atún ecuatoriano a dólar preferencial a la famosa Mercal, presidida por el coronel Félix Osorio, que egresó (adivine adivinador) en la misma promoción que los otros 2 coroneles de Cadivi.

Un cuarto oficial, el teniente coronel Eduardo Escalante Pérez, se asoció con Arias Delgado. Por casualidades de la vida, igualmente se graduó con los demás oficiales. Fue así como se formó una larga cadena de dólares que fueron a parar a los bolsillos de los militares. El cuento es largo y el espacio es corto. Pero habrá una segunda parte.