• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Discursos peligrosos

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Sorpresas te da la vida, dice la canción popular, pero, a estas alturas, lo que los venezolanos no entienden es qué se trae entre manos el Gobierno al crear este ambiente enrarecido, misterioso y fatal, como si ellos supieran algo que el resto de la sociedad no sabe o no debe saber.

Cuando los líderes del chavismo salen en la televisión muestran en sus caras, en sus gestos y, lo que es peor, en sus palabras una agresividad extrema; destilan un odio y una sed de venganza que nadie logra atribuir a nada serio y concreto, como no sea a los propios fantasmas que el Gobierno mismo se ha inventado para habitar sus noches sin Chávez.

Pues, la verdad es que la mayoría del país no tiene la culpa de que el Presidente se haya enfermado de cáncer, y mucho menos que obviara las previsiones y los tratamientos adecuados. Todo el mundo sabe cuál es la naturaleza del carácter de nuestro mandatario y cómo él dirige su vida sin atenerse a las razones que su círculo íntimo le aconsejó insistentemente. De todas maneras, él tiene todo el derecho de escoger sus tratamientos y de adoptar lo que considera lo mejor para él.

Ahora bien, desde la cúpula del Gobierno se ha iniciado una época de tormentas que nada tienen que ver con el resto de la ciudadanía, a la que, como es lógico, no se le ha consultado sobre lo que debe hacerse con el país en las condiciones de incertidumbre en que se encuentra el Poder Ejecutivo. Da la impresión de que las torpezas de los altos dirigentes del PSUV la están pagando quienes no tienen vela en ese entierro, esto último dicho en el sentido literal y uso común de la frase.

Los televidentes ven al vicepresidente Nicolás Maduro en tono desgañitado de mitin electoral dirigirse a los ciudadanos como si en Catia o en Petare hubiera un "Caracazo", lo cual no sólo es mentira, sino que se contradice con el sentimiento pacífico y de alegría que se vive hoy y siempre en estas jornadas navideñas.

Claro que el país está preocupado por la salud del Presidente, pero más inquieto está por la manera como Maduro y Diosdado conducen las cosas, sin darse cuenta de que lo más aconsejable es bajar el tono de sus discursos, darle tranquilidad al país y presentar una cara amable y no amenazante.

Lo cierto es que cada vez que ellos hablan de conspiraciones y amenazas externas nada hace pensar que sea cierto lo que anuncian. Aquí, como diría la gente del pueblo, no hay trompo enrollado, pero, a la luz de las intervenciones de Maduro y Diosdado, pareciera que se nos viene encima la fenecida profecía de los mayas sobre el fin del mundo.

Los principales dirigentes bolivarianos, que todo el mundo sabe quiénes son, deberían mostrar una cara amable y serena, que genere tranquilidad y contribuya a que las cosas marchen de manera institucional, es decir, con estabilidad y sin el escándalo que a cada hora y en cadena fomentan las voces más autorizadas del chavismo sin necesidad alguna.