• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Diplomacia al garete

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Es penoso hacer la lista de las acusaciones y amenazas que el Gobierno yvoceros oficialistas difundieron después del encuentro de Henrique Capriles conel presidente Juan Manuel Santos en Bogotá. Es más que penoso, indignante,ahora que sabemos por declaraciones de la canciller MaríaÁngela Holguín que el presidente Maduro fue informado con anticipación por elpropio Santos de que Capriles sería recibido.

La denuncia de una conspiración desde el alto Gobierno colombiano encombinación con la oposición venezolana se fue ampliando con las decontratación de sicarios, planes de inoculación y magnicidio, con captura de paramilitares,para no mencionar la inverosímil trama de la compra secreta de casi dos decenasde aviones que atacarían en plan golpista desde Colombia. Mientras tanto, el presidenteMaduro, el canciller Jaua y Diosdado desde la Asamblea Nacional,más estridente que ninguno, abundaron en declaraciones sin concierto.

Si seguimos la pista a las posiciones expresadas por el Ejecutivoencontramos ahora algo mucho más grave que falta de concierto: una vez más sehan desatendido los intereses del país y vulnerado su respetabilidad. Es eso loque ha ocurrido en el vaivén entre poner en duda el apoyo a los diálogos de pazen La Habanapara después confirmarlo; entre girar instrucciones precisas al canciller parala reconstrucción de las relaciones mientras se decidía la suspensión de lacompra de alimentos a Colombia; entre jugar a la crisis y mencionar, proponiéndola,una posible facilitación del ex presidente Lula da Silva. Todo para finalmenteanunciar la entrega al presidente Santos de pruebas de la conspiración desdeBogotá con “una plataforma permanente de generación de rumores para afectar laeconomía, afectar la moral del país”.

Esto tan toscamente ejecutado repite una vieja y desgastada trama: lautilización de las relaciones con Colombia en plan de deslegitimar a laoposición venezolana y apuntalar alianzas regionales, las que se estándesvaneciendo al ritmo del deterioro de nuestra economía. Sí, salvo por laapuesta vital de Cuba, las alianzas se diluyen porque fueron pensadas al margende la diplomacia y lo que le es esencial para construir relaciones duraderas ymutuamente beneficiosas: respeto y credibilidad.

Las claves para relacionarse seriamente con otros Estados se handestruido en Venezuela al paso del desprecio por las formas, el abandono de losacuerdos y la ligereza de la palabra empeñada. Justo lo contrario a lo quecuidan los gobiernos que con la política exterior construyen seguridad yprosperidad para su gente.

Digamos, casi con benignidad, que nuestra diplomacia está al garete, sies que aun le vale el nombre a una gestión que se divorció de la profesión,está ciega ante las nuevas circunstancias internacionales y es sorda a lasnecesidades del país. Para recuperar la compostura y el buen juicio hace faltamucho más que una visita al Vaticano.