• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dilma no sabía nada

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Al igual que en la Argentina de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, los mandatarios que se autocalifican de izquierda como Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa y Dilma Rousseff no han podido "limpiar" sus países de las redes de corrupción nacionales e internacionales que operan y se mueven con seguridad y confianza en todos los niveles económicos, sociales y políticos del territorio que tienen bajo su mandato.

Basta con hurgar en los documentos públicos, que con tanto ardor esconden como "secretos de Estado", para enterarse de la profunda hipocresía que mueve a estos izquierdistas en el poder. Sus proclamas sobre la honestidad y la pureza de principios que mueve sus acciones políticas pocas veces, por decir nunca, obedecen al fin inobjetable de trabajar para su país dentro de las normas de transparencia que deberían regir sus acciones.

Tal capacidad de mentir sin pausa ni respiro no deja de asombrar a los ciudadanos porque diera la impresión de que, para ser líder de un partido, presidente o vicepresidente de un país, es consustancial al oficio ser un caradura profesional, un embustero de marca mayor y un trepador social, cuyo sueño de toda la vida ha sido nadar en la comodidad y la riqueza birlada a los dineros públicos.

Veamos la saga de los Kirchner en Argentina y su increíble dosis de hipocresía que cubrió su paso por el poder, agregándole además una mezcla maloliente de "amor y trabajo por el pueblo" que, a la vez, servía para ir incrementando la riqueza personal de la pareja en términos más que reconfortantes.

En el camino incorporaron a sus familiares, amigotes cercanos y políticos y empresarios. Fue tal su habilidad para corromper todo lo que le pasaba por delante que hasta las famosas Madres de la Plaza de Mayo terminaron enlodadas, especialmente la pícara Hebe Bonafini, de triste recordación entre sus admiradores chavista por su comportamiento altanero y despótico cuando visitaba Caracas. Decir que estos personajes, pillos de alto vuelo, son ³de izquierda² no debe ser del agrado de nadie de esa tendencia.

Lo mismo sucede con Dilma y Lula en Brasil. Hoy leemos en la prensa que la señora Rousseff declara sin que se le mueva un músculo de la cara que "ella no sabía nada, que nunca ha robado un céntimo del tesoro público". En verdad, no sabemos por qué estas frases nos recuerdan a un narcotraficante que en la aduana afirmaba seriamente: "Esa cocaína no es mía, alguien la colocó en mi maleta sin que me diera cuenta".

Díganos una cosa señora: ¿Usted no estaba en Petrobras cuando se trasegaba dinero a montones hacia el partido de Lula durante la campaña electoral?

Según un artículo de The New York Times (edición en español) las investigaciones judiciales en su caso "brindan un panorama excepcional de la forma en que un partido de izquierda, que llegó al poder y juró acabar con la corrupción de una élite política privilegiada, terminó adoptando las prácticas de sus predecesores".

Cállese.