• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dilma, la futbolista

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Los presidentes de los países del Mercosur no se han reunido desde julio del año pasado, cuando Venezuela asumió la presidencia pro témpore de ese acuerdo. Se han movido cinco fechas para la cita, contando la que debía producirse el mes que viene. En esta ocasión fue la presidenta Dilma Rousseff quien anunció la postergación, justificándola en estos términos: “En diciembre la presidenta Cristina estaba enferma, después hubo problemas de agenda y ahora yo tengo el Mundial de Fútbol y luego la campaña para las elecciones”. Primero lo primero, parece decir la mandataria brasileña.

Conviene revisar el trasfondo de tales suspensiones: si de razones de salud y agenda se tratase, bien podría encomendarse la representación presidencial al canciller. Detrás de las excusas se dejan ver desinterés y desencuentros mayores que han golpeado el proyecto en que tantos esfuerzos invirtieron los países fundadores.

El Mercosur fue un acuerdo de trascendencia indudable: no solo por su impulso para engranar las economías de los cuatro socios iniciales, sino por el empeño puesto en superar los históricos conflictos y tensiones entre ellos.

Brasil y Argentina fueron, desde la declaración que en 1985 suscribieron los presidentes José Sarney y Raúl Alfonsín en Foz de Iguazú, motores de lo que seis años más tarde se constituyó en Asunción como una ambiciosa opción subregional de integración. También han sido esos dos países, aunque especialmente Brasil, los que más han frenado este acuerdo.

El Mercosur está hoy lleno de grietas, no sólo por los incumplimientos comerciales de los socios más grandes y su permanente marginar a los socios menores de las decisiones fundamentales. Las grietas mayores están en la preeminencia de intereses políticos parciales, ensanchada por el dejar hacer y dejar pasar las violaciones de las reglas convenidas.

La exclusión de Paraguay, la atropellada y atropelladora inclusión de Venezuela, al lado la sordera ante los reclamos que, por las vías previstas en el acuerdo, ha presentado Uruguay contra Argentina, son tres situaciones que en años recientes han debilitado al Mercosur.

Entre todos los asentimientos y silencios, los más llamativos son los de Brasil, vista la apuesta inicial de ese país en el Mercosur, expresamente renovada en su segundo mandato por Lula da Silva.

Hasta hace cinco años, los presidentes del Mercosur se reunían con frecuencia y hacían alarde de sus coincidencias políticas, al precio de malherir lo esencial del grupo. Ese maltrato pasa su factura en circunstancias económicas apremiantes, cuando habría oportunidad para avanzar a la apertura comercial con Europa y buscar acercamientos con la Alianza del Pacífico.

Pero no hay voluntad ni referencias compartidas, solo pobres excusas. Y sí, primero lo primero: no hay noticias de suspensión de la reunión de los Brics en Fortaleza (Brasil) a mediados de julio.