• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Descensos militares

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Los ascensos militares que otorgó Maduro a Diosdado Cabello al rango de capitán del Ejército; Arias Cárdenas al de coronel y Rodríguez Chacín al de contralmirante son, por decir lo menos, un atentado a la maltratada reputación de la Fuerza Armada.

No sin razón, Jesús Urdaneta Hernández, uno de los cuatro comandantes del alzamiento del 4 de febrero de 1992 que buscaba derrocar al gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez, calificó la maniobra del gobierno y el PSUV como ³una decisión inmoral².

La legislación militar concede a los militares activos un rango superior luego de cumplir los requisitos de tiempo y méritos en servicio, o en el caso de fallecimiento en cumplimiento del deber. También se puede ascender al rango inmediato por acciones heroicas en actos de combate.
Con esta medida, Maduro intenta banalizar a nuestra Fuerza Armada con ascensos a ex militares golpistas, a oficiales retirados, que hoy son ³exitosos² y bien acomodados políticos que abandonaron las filas castrenses hace más de veinte años.

Ascenderlos hoy, cuando ya no cumplen las edades ni los tiempos de antigüedad reglamentarios, no es más que una ridícula falta de respeto que ofende no solo al estamento profesional militar, sino que es un agravio a los mismos ex oficiales ascendidos.

¿Alguien podría explicar qué interés puede tener el ahora capitán Cabello de ostentar ese rango, un poquitico más alto, como simple oficial subalterno?.

¿Qué necesidad tiene Cabello de aceptar tamaña afrenta? ¿Quién puede llegar a creer que Cabello necesita recibir una pensión de la FAN de 6.000 bolívares mensuales? Y si fuera el caso que le correspondiera, él mismo sabe que no acumuló, como oficial activo, los años mínimos necesarios para disfrutar de tal beneficio.

Toda esta maniobra rojita nos recuerda las humillaciones que sufrieron nuestros militares cuando el teniente coronel Chávez, sin cumplir con las formalidades castrenses (como lo hizo Pérez Jiménez cuando se hizo ascender a general de división), se colocó en el hombro nada más y nada menos que cinco soles como comandante en jefe de la Fuerza Armada.

Por cierto, la misma prerrogativa le correspondería a Maduro como comandante en jefe y a quien seguramente los adulantes de turno (al igual que hicieron cuando Pérez con Cecilia Matos) no tardarán en convencerlo de que tiene derecho de uniformarse con cinco soles.

Lo triste es que ante los ojos de los venezolanos y del mundo entero estas jugarretas del gobierno y del PSUV no hacen sino convencer a la mayoría de los ciudadanos del espíritu infantil e improvisado de las medidas que toma Miraflores. Con ello buscan violentar los valores esenciales de las instituciones de la nación que aun laten, a duras penas, a pesar de tanta arbitrariedad.

Sería igualmente justo que los cientos de militares que frustraron sus carreras durante estos años rojitos pidan sus ascensos y exijan que se les reconozcan sus rangos.