• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Desastre provocado

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El lago de Valencia, el segundo del país, además de ser un cuenco donde confluyen aguas de ríos afluentes, es uno de los casos de mayor desidia que pueda señalársele al actual gobierno.

Como en todo lago, sus aguas suben sin cesar, con la crecida de sus ríos confluyentes. Pero excepcionalmente, la evaporación y otras formas naturales de aliviaderos no compensan el crecimiento del volumen de agua que a él arriba. No hay equilibrio entre el volumen de agua que recibe y la que sale evaporada, o en forma controlada, no catastrófica.

Muy temprano en los años 80 empezaron a estudiarse las obras y trabajos que debían realizarse para evitar que sus aguas continuaran creciendo con consecuencias graves para las personas y biodiversidad de la zona circundante. Se estudiaron también las acciones fundamentales para el tratamiento y potabilización de las aguas servidas y lo que habría de hacerse para el necesario aumento de la disponibilidad de agua potable para la creciente población alrededor de esa cuenca hidrológica. La ciencia aportó los conocimientos para la soluciones.

A comienzos de los 90 se realizaron nuevos estudios técnicos e investigaciones que permitieron formular un Plan Integral de Manejo de la Cuenca del Lago de Valencia, que precisaba las políticas, obras y acciones para el adecuado funcionamiento de ese sistema hidrológico con la finalidad de prevenir daños mayores a los que ya entonces se percibían. Se logró financiamiento del BID. A mediados de los 90, con todo y la difícil situación político-financiera de la nación, se avanzaba, con claridad de objetivos y un detallado plan, hacia las soluciones y previsiones que los conocimientos, el estudio y la sensatez habían determinado.

Pero, como diría Carlos Puebla, ¡llegó el comandante y mandó a parar!

El actual gobierno interrumpió el plan en el año 2000, sin importarle las consecuencias. No se percató del ascenso continuo y evidente del nivel de las aguas del lago, ni atendió el crecimiento de la demanda de agua potable y el necesario tratamiento de las aguas servidas. Ignorante de cómo funciona esa cuenca y de las formas adecuadas de satisfacer la demanda social de servicios básicos, los gobiernos rojos por 14 años obviaron el plan trazado, se olvidaron del lago y su cuenca y, para colmo, permitieron irresponsablemente los asentamientos humanos en las laderas, en las zonas más susceptibles al desbordamiento e inundación de las crecientes aguas. El resultado provocado por decisiones erradas, negligencia y desidia del gobierno de Chávez es la crisis actual, el problema ambiental más grave y urgente del país.

Ahora, después de tan irresponsable conducta por 14 años, el Gobierno aplica su fórmula: sin consultar ni permitir participar en las decisiones a la población, a las universidades (que tanto conocen de esa cuenca) ni a los expertos, mete a Pdvsa a enmendar la plana a realazos (sin mucha contraloría ni supervisión); toma decisiones al garete (sin estudios ni reflexión) y hace demagogia con las víctimas; además de sus toques de militarismo y desinformación.