• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El derecho a la paz

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La paz no es una noción abstracta o un deseo personal o una consigna social: la paz es una opción concreta, si ella se define en relación con los conflictos existentes en la sociedad. En otras palabras: la paz se construye. Y se construye a partir de la definición de una agenda. A lo largo de la historia las guerras y las confrontaciones de toda índole han encontrado una solución en acuerdos de paz. Una y otra vez esos acuerdos iniciales han sido apenas una plataforma que se ha ampliado con el paso de tiempo. Desde el siglo XVII hasta nuestro tiempo abundan los ejemplos: decenas y decenas de acuerdos que se basan en cuestiones factibles: liberación de los presos políticos, neutralización de los grupos violentos, establecimiento de mecanismos de diálogo, adhesión a fórmulas de trato y lenguaje que sean expresión de respeto mutuo.

Una pregunta pertinente en la Venezuela de hoy es a qué orden pertenece la paz necesaria. Y la respuesta que este editorial propone es que el acuerdo de paz que nuestro país demanda no puede limitarse a la polarización política, porque hay un estado de conflictividad desbordada que se expresa en la cotidianidad de las comunidades, en las relaciones dentro de la escuela, en el desenvolvimiento del mundo productivo, en disputas en calles y lugares públicos que, por los motivos más baladíes, degeneran y se convierten en causantes de violencia y muerte.

La paz que Venezuela demanda, porque se trata de una exigencia que se reitera y crece en encuestas y estudios de distinta índole, debería promoverse bajo la mayor exigencia: que se refiera a todos los ámbitos de la vida en común. Y ella no debería restringirse al mero cumplimiento de la ley, que es uno de sus requisitos clave, sino que debe estar vinculada a un objetivo de orden cultural: el establecimiento de la Paz como Valor en el seno de la sociedad venezolana.

La Paz se alcanza. La Paz es posible. La Paz es necesaria: solo en tiempos de paz las personas y las sociedades pueden avanzar hacia metas que mejoren la calidad de vida. El primer requisito para iniciar el camino hacia la Paz es reconocer su condición imprescindible, su enorme potencial. A partir del reconocimiento de que la Paz es una herramienta versátil y multifacética, ella puede actuar, no para negar la existencia de conflictos, sino para transformarlos en fuente de soluciones.

Los actores de la vida pública venezolana, y ello incluye a los medios de comunicación, deben recordar que la Paz puede ser fundamento de un programa de reconciliación y reconstrucción del país, basado en una realidad que no podría ocultarse o eludirse: que están presentes modos distintos y antagónicos de pensar lo público. Sobre esa base, y una voluntad de tolerancia y respeto a los distintos modos de pensar, se podrían lograr avances significativos que el país demanda sin demoras. No es negando las diferencias ni estigmatizando a los que tienen criterios distintos que las sociedades alcanzan su plenitud.

Diálogo y acuerdos en relación con objetivos concretos son las únicas condiciones para que ese Derecho Humano que es la Paz adquiera las proporciones de bien presente en la vida de todos los días.