• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Dantescas derrotas

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La muy sui géneris lectura que hace el gobierno de los resultados del domingo -y que intenta “vender” con dificultad como lo evidencia el incalificable llamado de Maduro a boicotear a El Nacional- pone de bulto una vez más el carácter falaz de una gestión basada en la mentira y la manipulación. Hay un hecho incontestable: la oposición en esta última confrontación creció 4,6 puntos en relación con las regionales de 2012: esto significa que el presidente ha sido incapaz de frenar el progresivo declive del partido oficialista y no pudo impedir que algo más de 51% de los venezolanos se pronunciase en su contra.

Sería consuelo de tontos aferrarse a esos números para esquivar el hecho de que el oficialismo se hizo con más alcaldías que la oposición; pero también es una tontería ignorar que ésta triunfó en la circunscripciones de mayor importancia demográfica y que la artillería dispuesta por el PSUV para ponerle las manos a plazas emblemáticas fue acallada con creces por la MUD, a pesar del ventajismo, la abstención y el sesgo carmesí del CNE. En este sentido, revisar el caso neoespartano es de utilidad para constatar que la potestad del elector no puede quebrantarse derrochando recursos y sacrificando funcionarios.

En el estado insular, la oposición mantuvo las alcaldías de Arismendi, Maneiro y Mariño, y triunfó, además, en el municipio Marcano. Aunque eran 11 las municipalidades en juego, son las 4 conquistadas por la Unidad las que concentran al grueso de la población. Y la joya de la corona es Santiago Mariño, en la cual habita una quinta parte de los margariteños. Ello hace de Porlamar una jurisdicción altamente apetecible y, por eso, los rojos lanzaron al ruedo comicial a uno de los pocos burócratas de su equipo percibido como eficiente: Dante Rivas.

Rivas, especie de adelantado de la misión cubana de identificación, fue elogiado por una presunta eficacia que estuvo muy lejos de exhibir en el Instituto de Transporte Terrestre y, mucho menos, en su efímero paso por el Ministerio del Ambiente. De esta chistera – como si de un conejo se tratase– lo sacó Maduro para abanderarlo como aspirante a la alcaldía de Mariño. Fue rechazado por los votantes que vieron en él al emisario de un gobierno cuya cabeza (Hugo Chávez) ordenó una de las mayores tropelías cometidas contra Porlamar: la expropiación – y posterior ranchificación – del Puerto de la Mar, desarrollo portuario e inmobiliario sobre el que se pensaba sustentar el reordenamiento urbano del casco central de la ciudad; una imperdonable felonía que la gente de Mariño no ha olvidado. Al caso de Rivas se suman los de los generales de varios soles que fueron animados a medirse, sin éxito, con opositores en Valera, Machiques y Barquisimeto. Dantescas derrotas que, seguramente, serán compensadas con premios de consolación, como el concedido a Ernesto Villegas.