• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

Al instante

Daka, odio y soberbia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Que el gobierno haya decidido “ocupar” Daka obliga a los ciudadanos, una vez más, a meditar sobre el significado de esta decisión. En la superficie, se trata de la toma del control de una empresa dedicada a la venta de electrodomésticos. Pero en un plano mayor, que es el punto desde el que debe analizarse esta medida, constituye un paso más en el objetivo del régimen chavista-madurista de tomar el control absoluto de la sociedad, de hacerse el mayor propietario y figura determinante de los procesos económicos.

Vano ha sido recordar lo que ha ocurrido en otros países cuando el Estado se ha hecho del control de la economía: la ineficiencia, la corrupción, el clientelismo y la falta de un objetivo de lucro han minado el funcionamiento de las empresas y las han conducido a la quiebra. Basta con que invoquemos aquí el caso de Cuba, cuya economía, más de medio siglo después de la revolución, depende de los subsidios y regalos que le otorgan sus amigos venezolanos. Su principal industria: pedir a otros países. En dos palabras: han fracasado. Como han fracasado en Venezuela, ocultos bajo el paraguas del ingreso petrolero, la inmensa mayoría de los chuscos intentos del gobierno de manejar empresas. Se cumple así un paradigma: empresa ocupada por el gobierno es una empresa que será quebrada en corto tiempo.

Más allá de lo dicho hasta aquí, que es una realidad denunciada hasta la saciedad, es necesario detenerse en otro aspecto presente en el caso Daka y en toda la operación –operación de características militares– de disminución de los precios. Nos referimos a la hostilidad verbal que la precedió, la acompañó y que hoy se mantiene en el discurso gubernamental. En primer lugar, se trata de una evidente manifestación de soberbia, cuya característica universal es su apriorismo, su imposibilidad de escuchar o de atender a razonamientos distintos. El gobierno de Maduro mira a los venezolanos y a la sociedad venezolana “desde arriba”. Se siente superior. Vive enamorado de sí mismo. Es característico del soberbio aislar a sus semejantes: por eso procura desatar el odio de la sociedad hacia los comerciantes. El soberbio desprecia lo que tiene a su alrededor, y congratula su vanidad dando dádivas, para demostrar su total superioridad ante los demás (por ello, los hermanos Castro son los personajes adecuados de la escena del ricachón petrolero que se mete la mano en el bolsillo y le entrega dólares al pedigüeño cubano).

Junto con la destrucción de la estructura empresarial del sector privado, el gobierno insiste en desatar sentimientos de hostilidad hacia los empresarios. Incita al desprecio, al rechazo de la figura empresarial. Lo sataniza. Los expertos coinciden en esto: el odio alcanza un punto en que desea la destrucción de su objeto. Acciones como la supresión, la proscripción, la eliminación, la liquidación moral de su objeto, son conductas de la voluntad habitada por el odio. Una vez más, el régimen en el poder insiste en cargar de componentes turbios el ánimo de las personas. Y lo hace con total impunidad, pero también con el abierto apoyo de uniformados y de los poderes públicos. No es solo el gobierno: es el régimen de la soberbia.