• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Culpa del SAP?
La cola sin fin

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Por estos días proliferan las quejas ciudadanas directamente relacionadas con lo que alguna vez los venezolanos supusimos era un fenómeno pasajero -y hasta bromeábamos al respecto-, pero que el gobierno ha logrado que adquiera un carácter permanente y que se haya enquistado como un mal inevitable en nuestra cotidianidad.

Nos referimos (el lector lo habrá advertido ya), a las colas, ese irritante e inhumano invento chavista nacido de la manía rojo rojita de exigir para cualquier trámite oficial innumerables sellos, planillas, firmas, recibos y fotocopias de la cédula de identidad hasta de la abuelita que murió hace cincuenta años.

Todos estos obstáculos son obviados al momento de buscar cómo acabar con las colas que ellos mismos han creado. De allí que veamos a diario un derroche publicitario de anuncios, promesas y planes informáticos que no conducen a nada, como no sea a embrollar más los trámites y a impulsar la rabia y la frustración de los usuarios, sin que los responsables, es decir, los gobernantes, se den por aludidos.

Nadie parece tener el coraje y la voluntad de erradicar las colas atacando sus causas, entre las cuales cabe destacar las deficiencias crónicas en el suministro de energía y la congestión de las comunicaciones, males derivados de la pésima gestión que, a partir de la caprichosa “renacionalización” ordenada por Chávez, interrumpió el proceso de modernización que venían experimentado las empresas encargadas de esos servicios.

Y si a ello se suman la obsolescencia de equipos y sistemas, así como la pobre o ninguna formación del empleado público (simple funcionario enchufado por razones partidistas), nos podemos hacer una idea de la magnitud del problema y lo muy cuesta arriba que resultará superarlo.

Nuestra gerencia pública es un vergonzoso entramado de dificultades cuyo fin último pareciera ser molestar a quienes tienen que diligenciar trámites que, fácilmente, se podrían solucionar desde una computadora personal, si Conatel, en vez de dedicarse a sancionar medios sin ton ni son, decidiera aumentar el ancho de banda para garantizar que Internet sirva a la comunidad con presteza.

Los abonados a Cantv y los usuarios de Corpoelec deben armarse de paciencia para pagar sus facturas en taquillas, en las cuales lo primero que llama la atención son los carteles que informan que no hay punto de venta y, por tanto, se debe cancelar en efectivo; o que no se aceptan billetes y el pago debe hacerse con cheque, como si la nuestra fuese una población totalmente bancarizada y, el más irritante, no hay línea, de manera que quien se haya acercado a una de esas estaciones ha perdido su tiempo de forma miserable.

Y, para colmo, en Corpoelec no hay advertencias respecto a las averías de hardware y las colgaduras de software; por eso, el cliente se encuentra, después de un tedioso plantón, con que “el SAP no está funcionando”, sin que se les explique con qué se come eso para que, al menos, pueda saber cuál es el motivo de la cola sin fin.