• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cuestión de tiempo

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Se veía venir. Al ritmo que se ha malgastado la renta petrolera, y con un aparato productivo cada vez más deprimido, en virtud de las confiscaciones arbitrarias y las regulaciones sin sentido, era sólo cuestión de tiempo el que nos emparejáramos con los cubanos en materia de racionamiento alimentario.

El país estará más triste o más exasperado, más resignado o más colérico, pero de ninguna manera indiferente, a partir del próximo lunes 10 de junio cuando comience la implantación en el Zulia -y como fase inicial de un plan a escala nacional- de ese monumento a la ineptitud que es la libreta electrónica de racionamiento alimentario.

Limitar el acceso a los bienes de consumo como salomónica respuesta a la escasez, y como si estuviésemos en una economía de guerra, es un paliativo que traslada al consumidor la responsabilidad del rotundo fracaso de las políticas económicas del socialismo del siglo XXI, y revela total y absoluta falta de planificación por parte de una administración cuyo único objetivo ha sido tratar de imponerse, a como dé lugar, en sucesivas elecciones.

El racionamiento en Cuba hace años que pasó de las 6 décadas. Más de 60 años echándole la culpa al imperialismo y al bloqueo de los fracasos e insuficiencias de una revolución improductiva y estéril en la cual la dictadura jamás la ejerció el proletariado sino la férrea autoridad de Fidel Castro y su círculo de allegados. Un grupete de “encastrados” para el cual no existió restricción alguna a la hora de repartirse dispensas y prerrogativas.

Nos toca ahora a los venezolanos tener que soportar ese plan de emergencia provisorio, con vocación de permanencia, que la falta de recursos dicta al Ejecutivo como salida al desabastecimiento. Y nos preguntamos: ¿a dónde fueron a parar los milmillonarios presupuestos dirigidos a fomentar la soberanía alimentaria? ¿Qué fue de los gallineros verticales, los jardines hidropónicos y otras disparatadas iniciativas que el gobierno anterior, el de Chávez, intentó instrumentar y que éste, el actual, ni siquiera ha intentado llevar a buen término?

Estamos ante otro eslabón en la cadena de errores de un gobierno que se ha mostrado como el más incompetente de nuestra historia republicana. Un gobierno sin imaginación para el cual las soluciones no resuelven, sino que plantean mayores aprietos.

Lo cierto es que, con este programa de asignación regulada de alimentos, implantado por una camarilla que niega los dólares a los productores, compartiremos nuestras penurias con el pueblo cubano.