• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cuestión de cerebro

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El viernes pasado, en este espacio editorial, nos referimos a la eficacia de una política que ha permitido a la oposición alcanzar objetivos impensables apenas unos meses atrás. Lo acontecido el miércoles, cuando la Organización de Estados Americanos instó a Venezuela a fomentar el diálogo nacional y ofreció “tender la mano de la región para facilitar ese necesario encuentro entre gobierno y oposición” es un reconocimiento más que evidente de que la mayoría democrática tiene razón y vivimos en  una situación límite.

 Por supuesto que la interpretación gubernamental de la postura del organismo hemisférico mueve a carcajadas, si no al sarcasmo, pues es incomprensible cómo el rechazo de sus propuestas -y la de los pocos socios que le quedan-, en un debate que se prolongó por 10 horas, puede ser contabilizado como ganancia, tal  evaluó  la canciller Delcy Rodríguez o proclamó, delirante, un tabloide capitalino.

La Mesa de la Unidad Democrática hizo público un comunicado -con apreciaciones diametralmente opuestas a las mediatizadas conclusiones oficialistas- en el que celebra, y no puede ser de otro modo, que el foro interamericano respalde tácitamente la realización del referéndum revocatorio que la sociedad civil se ha planteado como puerta de salida emergente, urgente y constitucional a una crisis de gobernabilidad que deriva peligrosamente hacia turbulencias indeseadas.  

Al cotejar  ambas posiciones se podría argüir que cada quien arrima la brasa a su sardina y es cuestión de perspectivas, del cristal con que se mire o del viejo dilema entre el vaso medio lleno y el  medio vacío; sin embargo, tal como evolucionan las cosas y el hecho de que Almagro insista en que el Consejo Permanente fije una fecha “para decidir si se activa la Carta Democrática” revela que Maduro y sus conmilitones han sacado conclusiones falsas y  apresuradas y que, como estimó Silvia Ayuso,  corresponsal de El País en Washington, “Venezuela ha perdido fuelle en el continente”. 

Y hay más. Al presentar su revés como victoria moral, el oficialismo olvida que la ética se esgrime -según decía el filósofo español José Luis Aranguren- “cuando se está en la oposición y la política cuando se ha obtenido el poder”. Se invirtieron los papeles y la unidad opositora obtuvo un triunfo político.
No es eso, empero, lo que sostiene la contraoposición encabezada por una troupe de guerrilleros de escritorio que mueven las teclas de sus computadoras como si fuesen soldaditos de plomo para cuestionar, con sus exigencias extremas y radicales, la conducta de las fuerzas concertadas en la MUD. 

Afortunadamente, la realidad no se ajusta a sus wishful thinkings, esos pensamientos ilusorios con los cuales lamentan que se busquen soluciones en el marco constitucional. Desacreditan al liderazgo unitario por falta de testosterona. Son los valientes que se baten con el verbo y con la pluma…y no pegan una. 
Ambicionan que corra sangre y si ven un arma salen corriendo. Su agendas excluyen el diálogo y la negociación, fundamentos de la política, porque representan y defienden la antipolítica. No, no es cuestión de testículos, sino de materia gris.