• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cuentas turbias

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Pese al desmentido gubernamental, sobran razones para dar crédito a la noticia sobre el rechazo del Gobierno chino a la solicitud de un nuevo préstamo, por observaciones al manejo de recursos ya otorgados para obras de infraestructura e inconformidad con la calidad del crudo y derivados enviados por Pdvsa como parte de pago.

Vale resaltar la solidez de la nota sobre las objeciones chinas publicada en las páginas de Economía de este diario por la periodista Blanca Vera. Valga, además, añadir que el asunto no debe resultar extraño a quien haya seguido la secuencia del acelerado e insaciable endeudamiento con China, los centenares de acuerdos y los ambiciosos proyectos anunciados, así como las evidencias del deterioro de la capacidad de extracción y refinación de Petróleos de Venezuela.

Ahora bien, no es solamente un problema de ineficiencia que tanto importa al gran prestamista y comerciante asiático, es también cuestión de magnitudes, falta de transparencia y oscuros presagios, especialmente preocupantes para los venezolanos.

Entre los doce países latinoamericanos que han negociado créditos con China desde 2005, Venezuela es el que más préstamos ha recibido -al sumar desde 2008 poco más de la mitad del total- y el que en mayor proporción paga con petróleo.

Para la economía china el pago con crudo y derivados significa reducir incertidumbres. Además, sus productos tienen puerta franca, puesto que parte del crédito se otorga en yuanes, a lo que se suma la visible presencia que han logrado en sectores que el Gobierno otorga a voluntad y sin escrutinio alguno. Sin negar la importancia de desarrollar esa relación, el cuadro para los venezolanos es el opuesto: creciente inseguridad económica y jurídica, desaliento y freno a la producción privada y sofoco al empresariado nacional.

Tal cosa sucede en un contexto muy turbio. En estos mismos días Transparencia Internacional ha publicado el Índice de Presupuesto Abierto 2012. Allí, al igual que en el general sobre transparencia, Venezuela está en los últimos lugares, entre otras razones, por el manejo de fondos especiales sobre los cuales no hay control presupuestario ni se rinden cuentas. Tales fondos han incluido, entre otros, los acordados con Bielorrusia, Siria y Libia. Pero con China se crearon los mejor provistos Fondo Conjunto y el Fondo de Gran Volumen y Largo Plazo, que han recibido más de 40 millardos de dólares. Tales recursos entran en el ámbito de lo insondable.

Esa falta de transparencia, a la que se suman ineficiencias que la opacidad no logra ocultar, termina siendo fuente de inseguridad, desconfianza y empobrecimiento para los venezolanos. Incluso acaba siéndolo también para Pekín, que por mucho que haya apostado por la continuidad, debe tener más datos sobre el difícil panorama económico de Venezuela que razones para confiar en la palabra de un heredero. Cabe suponer que los chinos no comen cuentos chinos.