• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Cuba flota y Margarita se hunde

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Para remendar la maltrecha economía cubana, el chavismo ha dado muestras de una generosidad rayana en el derroche, a través de una inversión sin retorno cuyos réditos apenas tiene significación geopolítica y que, ahora, cuando los precios de nuestro principal producto de exportación están en baja, ha comenzado a pesar más de la cuenta y debe tener en ascuas a los hermanos Castro que presienten el fin de la manguangua. En todo caso, esa extrema largueza contrasta con la cicatería mostrada hacia la mayor de nuestras islas y su puerto libre. Y es que, además de sobrellevar el malestar que se ha precipitado sobre la nación, Nueva Esparta debe soportar una de las gestiones menos proactivas de toda Venezuela. El constante clamor de los comerciantes y empresarios, sus solicitudes de audiencia a Maduro, sus desatendidos comunicados ponen en evidencia la poca o ninguna confianza que los isleños tienen en su gobernador.

“La falta de divisas ahoga a Margarita”, fue el título de un reportaje de El Nacional que el pasado domingo diseccionaba la crítica situación que se vive en territorio neoespartano y que ha sepultado los escasos incentivos que el puerto libre podía ofrecer a los visitantes, de modo que los imanes turísticos han perdido todo poder de atracción; pero lo penoso no es lo que sucede, sino saber que ello se veía venir en la indiferencia con que Caracas recibía –y sigue recibiendo– la señales de auxilio que enviadas desde la isla. Tal parece que la concepción castro chavista del país excluye al turismo como actividad generadora de desarrollo y al puerto libre como sostén y propulsor de la misma. Por ello, no se aliviarán los males que la aquejan y ojalá no se agraven.

La lista de acciones que abonan a favor de nuestras afirmaciones es larga y no ahondaremos en ella, pero sí haremos referencia, aunque sea de pasada, a las que mayor impacto y repercusión han tenido, como por ejemplo la expropiación de hoteles para ponerlos en manos de operadoras ineficientes, como se hizo con el Margarita Hilton y se quiere hacer con el Perlamar de Guacuco. Y, si la intromisión oficial en el negocio hotelero se ha reflejado en una merma patente de la calidad del servicio y atención que se presta al visitante, mucho mayor es el daño causado con la confiscación del hoy en ruinas Puerto de La Mar, complejo portuario e inmobiliario diseñado y desarrollado para dinamizar el turismo receptivo e impulsar el desarrollo urbano de Porlamar. El juego que, bien administrado y supervisado, puede ser muy rentable se topa con caprichosas disposiciones que limitan la actividad de los casinos y estimulan la multiplicación de sórdidos recintos para apuestas hípicas; y, sin agotar el inventario de agravios, se debe mencionar que la mezquina asignación de divisas a los importadores ha hecho de los comercios lugares solitarios que, a falta de oferta plural, reciben cada vez menos compradores. El panorama es desolador y, mientras Cuba parece flotar con nuestros recursos, Margarita se va a pique por falta de ellos.