• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Corea del Norte

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De acuerdo con la agencia Efe, Corea del Norte se declaró en “estado de guerra” con su vecino del Sur. El hecho no pasaría a mayores si estuviéramos ante un gobernante más o menos cuerdo o que, por lo menos, le quedara algo de sensatez, pero el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, es el único “presidente vitalicio” que queda en el mundo socialista.

Es un hombre relativamente joven, que desde su llegada al poder luego de la muerte de su padre, quien también había heredado la presidencia, se ha dedicado a fortalecer las fuerzas armadas de su país, a desarrollar sofisticados sistemas de cohetes intercontinentales y a crear, como Irán, todo un complejo nuclear con el objetivo de obtener un arsenal atómico no para defenderse sino para destruir de “una vez por todas a Corea del Sur”.

Que el mundo esté todavía en manos de esos gobernantes que, como el de Irán y de Corea del Norte, son locos de atar, nos dice mucho de la urgente necesidad de que la gran mayoría se oponga de manera más eficaz y abrumadora a esos proyectos que sólo pueden anidar en la mente de gente desquiciada.

Basta preguntarse si Estados Unidos no tuviera al frente de la Casa Blanca a un líder sensato y en extremo conciliador como lo es Barack Obama, en qué grado de angustia y desesperación se encontraría por lo menos la mitad del planeta. Pensemos por un momento que George W. Bush estuviera al mando, en Washington, y le entrarán ganas de darle una lección a Corea del Norte, como intentó hacerlo en Irak, con los resultados que ya sabemos y los desastres que hoy lamentamos.

“Desde este momento, las relaciones Norte-Sur entrarán en estado de guerra, y todas las cuestiones entre el Norte y el Sur se tratarán de acuerdo con la regulación de tiempos de guerra”, dijo el presidente norcoreano Kim Jong-un “en un comunicado difundido por la agencia estatal KCNA”. Menudo orate le
ha tocado a ese pueblo trabajador y disciplinado, pero sumido en la más absoluta pobreza, al punto de sufrir años tras años verdaderas hambrunas que, para vergüenza y desgracia de sus gobernantes, han sido solucionadas en parte por inmensas donaciones en alimentos tanto de Corea del Sur, como de China y Estados Unidos. Pero el mandatario Kim Jong-un cree que ese chantaje le va a servir toda la vida, con lo cual se equivoca abiertamente.

Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe: “China, tradicional aliado y principal valedor del régimen comunista de Kim Jong-un, confirmó el pasado día 7 su reciente distanciamiento de Corea del Norte, al apoyar las sanciones económicas y comerciales que le impuso la ONU tras su tercera prueba
nuclear”.

Rusia también opinó al respecto. “Confiamos en que todas las partes actuarán con la máxima responsabilidad y en que nadie cruzará el punto de no retorno”, declaró el embajador Grigori Lógvinov”. De manera que Corea del Norte se queda sola, apenas con el apoyo de Venezuela.