• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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¿Cordura paramilitar?

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Son muchos los episodios oscuros, los eventos de barbarie que el país presenció cuando concluyó la marcha pacífica de los estudiantes, el pasado
12 de febrero, pero entre ellos llamó la atención el amable mensaje del presidente de la AN, capitán Diosdado Cabello, a los grupos paramilitares
que sembraron el pánico en Caracas y Mérida. ³Les pido a los colectivos calma y cordura, a pesar de la muerte de un camarada.

Así declaró el custodio de la legalidad, el patrón de los legisladores de la república, el oficial que luce flamantes insignias bolivarianas. Como egresado de la Academia Militar, el recién ascendido capitán debe saber a quién o a quiénes corresponde el manejo de las armas en un país ajustado a las normas de la convivencia civilizada.

Es una atribución exclusiva de la Fuerza Armada. Esto lo debe saber el capitán Cabello, sin duda se lo enseñaron en las venerables aulas que formaron a su ídolo y guía.

Además, como presidente de la AN y legislador conoce las restricciones en el ejercicio de la violencia y en el manejo de los objetos de ofensa y defensa que perturban o protegen a la colectividad. Son situaciones que dependen de funcionarios escogidos y entrenados, a quienes se concede licencia de usar armamento para impedir situaciones extremas que ponen en peligro la marcha del Estado.

Debe saber Cabello cómo se bate el cobre en el delicado asunto de usar y mostrar ametralladoras, rifles de alta potencia, granadas y pistolas automáticas en medio de la calle y frente a multitudes cuya única herramienta es la voz clamando por libertad y democracia.

Por eso le refrescamos la memoria, capitán Cabello. Usted sabe que hay grupos paramilitares que se muestran públicamente con armas y atacan a
mansalva a la sociedad cuando les viene en gana, o cuando lo ordenan sus patrones.

En Mérida ya forman parte de la historia, pues en su prontuario se cuentan más de dos décadas de ataques a la universidad y de desmanes y
sangre en la vía pública o en domicilios particulares. Ya forman parte del paisaje andino, por desgracia.

En Caracas son de más reciente data, pero no menos ostentosos en sus despiadadas exhibiciones de un poder arbitrario que solo los ciegos pueden
dejar de ver. Imponen sus códigos caprichosos en las barriadas, clasifican a los habitantes de la cuadra en buenos y malos, cobran vacuna a los
comerciantes modestos, desfilan en motos y se convierten en ángeles custodios del socialismo del siglo XXI. Pero claro que los conoce, capitán
Cabello, claro que los ha visto, porque acaba usted de pedirles calma y cordura.

Si hasta lamentó usted la muerte de un camarada, la desaparición de uno de esos sujetos que se viste de rojo y enarbola un fusil rodeado de una
pandilla de motorizados para que la gente sepa a qué atenerse si sigue con el empeño de luchar por la libertad y la democracia. Es a usted, Cabello, a
quien la republica le reclama calma y cordura.