• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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Control civil vs militar

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Ya los venezolanos están hastiados de la inseguridad que impera en el país. Los sucesivos gobiernos de Chávez siempre fueron muy eficientes en descargar la responsabilidad de la violencia y el auge del hampa que ha fomentado la revolución, culpando al enemigo externo que no permite el avance del socialismo y su efecto purificador en la sociedad. El capitalismo salvaje y el imperio estadounidense son los culpables de todos nuestros males, dixit el comandante supremo.

El último esfuerzo que impulsó el difunto presidente en plenas funciones, fue la Gran Misión a Toda Vida Venezuela. Sin duda una iniciativa de interés para afrontar el problema, desde aquella Comisión Nacional para la Reforma Policial (Conarepol) en 2006 que rindió resultados importantes, entre ellos, tardíos pero necesarios como la creación de la Policía Nacional Bolivariana en 2009.

Esa vez se recomendó un modelo de seguridad ciudadana basado en un sistema de policías civiles en tres niveles de acción: municipal, regional y nacional; con claras responsabilidades y funciones. Todo acorde con las recomendaciones de organismos internacionales como la OEA y la ONU en un marco de respeto a los derechos humanos.

A pesar de tener un mapa de ruta que podría llevarnos en el mediano plazo a lograr la disminución de la criminalidad, Maduro persiste en equivocarse. El titular de Interior y Justicia parece más interesado en su tarea de gendarme del Gobierno en contra de figuras de la oposición, que desarrollaba desde el Sebin, y de generar diatribas con la policía de Miranda. Aun peor, ha tomado el camino que sólo conoce por su formación: la militarización del espacio público y de las funciones de seguridad ciudadana.

Algunos pueden alegar que las policías son corruptas, delinquen y son parte del problema. Y no sólo la de Miranda como acusa hipócritamente el ministro… sino todas. Si bien es necesaria la revisión y depuración de los cuerpos policiales, su ineficacia se debe a la continua perversión del Estado de disminuir sus funciones y financiamiento en favor de la seguridad nacional.

¿Cuál es la intención de estos despliegues de efectivos militares y milicia en los principales centros urbanos? Claramente no han sido efectivos en el control y la prevención de la criminalidad en intentos pasados como el Dibise. ¿Es acaso una estrategia de seguridad de Estado para proteger a un gobierno de cuestionada legitimidad frente al descontento popular? Ciertamente, tener desplegada a una fuerza militar de forma activa en los principales centros urbanos cumpliría con este objetivo.

Ese joven de las FANB, fusil en mano, vestido para la guerra, nunca pensó que tendría que enfrentarse a un “pran” de barrio; no fue entrenado para ello, o contra una madre, cansada de la violencia delincuencial que viven ella y sus hijos, olla y cuchara en mano, caceroleando con fuerza, protestando por un cambio de gobierno que sí resuelva este problema.